Diario de León

SERGIO GONZÁLEZ GARCÍA Donante de médula ösea

«Si te llaman y no vas estás matando a una persona»

El Día Mundial del Donante de Médula reconoce el altruismo de cerca de 4.000 leoneses que ofrecen sus células madre para salvar vidas en vida. La ONT insiste en que los llamamientos públicos para una persona son innecesarios. Los donantes están para quien lo necesite..

Sergio González, hermano de Rocío González, ya fallecida, con su sobrina en brazos, recuerda a su hermana. MARCIANO PÉREZ

Sergio González, hermano de Rocío González, ya fallecida, con su sobrina en brazos, recuerda a su hermana. MARCIANO PÉREZ

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c. tapia | león

Sergio González donó médula ósea a su hermana, Rocío González, recientemente fallecida. Las células madre de Sergio fueron el segundo trasplante que recibió su hermana, tras fallar una primera intervención de células de un donante anónimo compatible 100% con ella procedente de Estados Unidos que estaba en el Registro de Donantes de Médula Ósea (Redmo). Pero Rocío tuvo una recaída y los médicos hicieron pruebas a la familia para encontrar donantes compatibles. Sergio fue el elegido aunque la coincidencia con su hermana sólo era del 50%. Los responsable del registro optan por los donantes hombres menores de 40 años que son los que ofrecen mejores resultados clínicos.

«Me hicieron una pruebas con un simple análisis de sangre. Que haya un pinchazo por medio es lo mejor para concienciarte de que lo que haces va en serio. Si decides hacerte donante tienes que ir en serio, no pueden echarte atrás y no ir cuando te llaman porque sería como matar a una persona», insiste Sergio.

Los médicos optaron por la fotoféresis para extraer a Sergio las células madre que después implantaron a su hermana Rocío. Es la técnica que utilizan en el 95% de las donaciones. «Una semana antes me inyectaron una medicación para que mis células madre salieran a la sangre. Me sentía muy cansado. El día elegido fue como si donara sangre. Por un brazo salía la sangre, que pasaba por una máquina en la que se quedaban las células madre y por el otro brazo me devolvían la sangre. El proceso dura dos o tres horas, aunque lo mío fue más rápido. Cuando acabé me sentí muy bien. Ya no estaba cansado. Me dijeron que no hiciera deportes bruscos durante dos o tres semanas y hasta hoy. Al principio me hacían reconocimientos a la semana, luego cada mes, luego a los tres meses y después cada año. Soy corredor y sigo corriendo, llevo una vida normal y me siento satisfecho». Este profesor de Educación Física de las Carmelitas asegura sentirse feliz por la posibilidad que tuvo de salvar una vida.

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