CORNADA DE LOBO
Banderita, tú eres...
Un mar de banderas es el fondo de cada escenario que le montan al líder enliderado Pablo Casado cuando se pone bonito y en proclama... mucha bandera, mucho flamear, mucho patriotismo meneado en busca de esa imagen tan televisiva de grada fanática con banderonas eufóricas que vocean. Pablo dice: agita el trapo, chaval, menéame esas banderas, tiñe todo horizonte y balcón de rojo y gualda... ¡corneta!, dé la orden.
Está claro, cree Peláez, que Pablo sabe que en su derecha, tan adicta a exaltar su gen patriotista, quieren demostrar otra vez ser los únicos dueños naturales de la enseña nacional (vaya, vuelve la burra al trigo), sólo ellos son sus valedores y guardianes verdaderos, abusando tanto de ese instinto de propiedad, que a la fuerza obligan a los demás a que les acabe pareciendo partidista y odiosa la bandera de todos que esta gente tiende a apropiarse monopolizándola en mástiles colosales que tanto placen a algunas ciudades, trenzando pulseritas con corazoncito tous si es para la nena o luciéndola en cuellos de polo naútico-pijo y en el elástico de los canzolcillos de brigada camisavieja que no apea Romerales. Y lo mismo que antes había que decir «por esta bandera muero», ahora te dicen «por esta bandera mato»... y alguno te lo repite en bobito imitando a Belén Esteban: ¡maaaa... to!
Ojo al parche. Cuidadito. A Peláez le inquieta mucho este tono porque se ve a la legua que este país se está encabronando bastante y anda a un tris del ¿qué quieres?, ¿guerra?... y ahí van esas banderas: de punta de lanza.
Así que es normal que con tanto flamear detrás, ese Pablo se ponga delante viniéndose arriba. Y ya ni mide. Se le ve tan tontín de estar donde ni lo soñó, que tiende a surfear la gloria y a patinar en seco. Y proclama, por ejemplo, «la hispanidad es la etapa más brillante del hombre junto al imperio romano», ganándose la burla de todo historiador y la pedorreta internacional al ver a un paleto titulado en ¿Harvard? ponerse grandón. Lo letal es que muchos necesitan creer esas glorias vanas mientras cantan calle abajo pasodoblando el «Banderita, tú eres... mía».