TECNOLOGÍA
Una vacuna para la epidemia digital
La OMS y Sanidad alertan de la adicción a la tecnología y a los videojuegos, que afecta al 20% de los jóvenes Psicólogos y científicos piden una mayor reflexión.

Asistentes en un cuarto infinito, en Puerto Vallarta. FRANCISCO GUASCO
álvaro soto | madrid
Cuando se vea con perspectiva, quizá 2018 sea recordado como el año en que la sociedad tomó conciencia de una nueva adicción, tan peligrosa como las ya conocidas a las drogas, al alcohol o al tabaco. En junio, la Organización Mundial de la Salud incluyó la adicción a los videojuegos en su lista de enfermedades mentales. En España, el Ministerio de Sanidad ha aprobado la nueva Estrategia Nacional sobre Adicciones, en la que se incorporan, por primera vez, las adicciones sin sustancia: a las nuevas tecnologías y también a los videojuegos. Según datos ministeriales, casi el 20% de los jóvenes españoles de entre 14 y 17 años es adicto a las pantallas. Cambios en las conductas sociales, malas notas, irritabilidad si no están con sus teléfonos y alteraciones del sueño y la alimentación de una lacra que también afecta a los mayores de edad: el 77% de la población padece nomofobia, que así se denomina el miedo irracional a no poder utilizar el teléfono móvil.
El psicólogo Marc Masip fundó en 2012 el Instituto Desconect@, un centro que trabaja para educar en el buen uso de las redes sociales y que cuenta con un hospital de día para adolescentes y una unidad de escolarización para jóvenes con problemas académicos. «Estamos haciendo frente a una epidemia que no entiende de razas o de dinero. Hasta los niños de familias con menos recursos tienen un smartphone», avisa Masip.
Por las aulas de su centro pasan adolescentes como María (nombre ficticio), de 15 años, que pasa todo su tiempo libre conectada. Tanto que, en Semana Santa, volvió con su padre tras comprobar que la casa en la montaña que había alquilado su madre (el matrimonio está divorciado) no tenía wifi. Empezó a engordar y en el colegio comenzaron a insultarla, no tiene amigos, le cuesta mantener una higiene personal correcta y su autoestima está muy baja. «La mayoría de los padres no tiene ni idea de lo que está ocurriendo. Sí, se muestran muy preocupados, pero luego son los primeros que, ellos mismos, están enganchados al móvil, y los hijos imitan sus conductas. Yo pregunto a los niños cuántas veces se han sentido ignorados por sus padres y todos me contestan que muchas», relata Masip, que ha recopilado sus experiencias en el libro Desconecta (Cúpula).
El psicólogo se muestra muy crítico con el Gobierno por la falta de medidas drásticas para atajar este problema. «Deberían prohibirse los móviles en las aulas, castigar a quien reenvíe fotos personales con ánimo de acosar a otra persona y prohibir que se tengan que mirar los correos electrónicos del trabajo en horas libres», avanza. «Pero todo esto no se hace de manera radical por el peso de las empresas tecnológicas», denuncia.
Ryder Carroll era un diseñador de aplicaciones de internet y videojuegos, pero un día descubrió que la tecnología se había vuelto demasiado complicada y decidió regresar a la agenda de papel y boli de toda la vida. «La tecnología ofrece oportunidades infinitas para la distracción. Hemos llegado a un punto de saturación y necesitamos poner límites porque si no, interectuaremos sin fin», asevera Carroll, que ha reunido sus experiencias en el libro El método Bullet Journal (Planeta), un ‘best-seller’ mundial. El autor, además, se plantea acabar con el mito de que la tecnología aumenta la productividad.