El baile del ahorcado
Hilaria y María
Hilaria y su nuera María vivían en el barrio del Crucero, cerca de esa rotonda a la que da nombre un maltratador, otro, camisa vieja que alardeaba de que la Falange transformaba mentalidades con el fuego purificador. Hilaria y su nuera María trabajaban de criadas. También se las llamaba muchachas, una manera de dejar claro que no tenían identidad, que había mujeres que se definían tan sólo por su género y su clase social. María, la nuera de Hilaria, servía en casa de mi abuela y casi siempre tenía la cara amoratada. Pero esos no eran los peores días. Los malos de verdad llegaban cuando su marido decidía que no valía la pena desfigurarle el rostro porque las heridas invisibles duelen más. El marido de María también pegaba a su madre, Hilaria, y enfatizaba su absurda masculinidad con los embarazos que entre paliza y paliza le regalaba a María.
María e Hilaria iban a la policía, pero la policía las miraba a las dos con condescendencia. «¡Pobre! No entienden que no tiene trabajo. Ayúdenle en lugar de ponerle en evidencia», les decían cuando acudían en busca de socorro.
Quienes casi medio siglo después siguen pensando que la lucha de la mujer por la igualdad se define por su intento de metamorfosearse con el machismo son como esos policías que pedían a María e Hilaria que trataran con compasión a su maltratador. Ejercen una táctica que cada vez tiene más adeptos y califica al que la ejerce. Consiste en criminalizar a la víctima para evitar que sea capaz de explicar su argumento, robándole el derecho a mostrar los ataques que su condición le acarrea y convirtiendo en mártir a su verdugo. Los hay que incluso invocan a Hitler para travestir la esencia de un movimiento que sólo puede asustar a cuantos aún siguen refugiados en la prehistoria emocional. No hay nada más ruin que banalizar el sufrimiento de los judíos asimilando el feminismo —ahora lo llaman supremacista— al holocausto. Son tan absurdos como sus esquemas mentales.
La administración ayudaría hoy a María e Hilaria pero puede que estuvieran igual de solas.