La realidad, la ficción, los sueños

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nicolás miñambres
Como en otras obras, el lector ve que está ante simbólicas líneas de la vida, plenas de de simbolismo. Se observa en el título, en las dedicatorias y en el final de la obra: Claudio, mira. Te digo. Hay que añadir un tono trascendente de la la acción, cargándola de un simbolismo médico: «Tiene algodones en los ojos. Anestesia general, lo dijo el médico. Se pone muy nervioso. Así se quedará quieto y no habrá ningún riesgo. (…)Pero con él todo es más difícil. La epilepsia». La tensión narrativa se presenta con el recuerdo de la vida de los padres. «Eso que le viene es de lo de antes. Los tiempos del hambre. Las ronchas de la sarna. Las huellas de la guerrilla». O… «Acaba de cumplir setenta y tres años. La muerte resuena en su cabeza». Y…«Se fue abandonando poco a poco (…) Se pasaba el tiempo mirando al suelo. Un día empezó a morirse de verdad: «Recuerdo el día en que me operaron de anginas en Valencia. (…) Yo corría por la clínica para que el médico no me alcanzara. Un grumo de algodón en la nariz. El viejo cloroformo de la magia potagia. Me desperté gritando que no iba a dejar que me operaran. (…) Le quita la enfermera los algodones de los ojos». Es esencial el comienzo de la novela con la emoción de las fotos: «Las fotografías de cuando tendríamos dos o tres años. Él en una. Yo en otra. Colores desvaídos (…) Anduvieron esas fotografías en algún sitio, perdidas, sin que nadie las echara de menos»). Cuando algo se pierde es como si dejara de existir. O como si nunca hubiera existido. Nuestro padre se perdió dentro de él mismo y no lo encontramos nunca». Y su madre, que tenía también miedo a la muerte. Y de nuevo… «los recuerdos, los recuerdos que llegan y se van, como las aves migratorias». Es el final: «Nos devuelve al pasado la escritura.» Y la intervención: «El cirujano me dice que la operación de cataratas ha salido bien».