Me dicen que eres perversa y yo lo creo

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josé enrique martínez
En 1916 se publicaron los Poemas de Chicago, de Carl Sandburg, que con la célebre Antología de Spoon River, de Lee Masters, originó lo que se ha llamado Renacimiento de Chicago. Si el libro de Sandburg es de los más encomiados y leídos de la poesía americana del pasado siglo, en España apenas se lo conoce, ni al libro ni al poeta. De ahí el interés de esta edición bilingüe de un libro cuyos ecos resuenan en Neruda o en el Lorca de Poeta en Nueva York. Urbana y testimonial, en la poesía de Sandburg, afirma el traductor, «encuentran voz propia la virilidad de Chicago, la épica de la ternura, los rostros precisos de los hombres y mujeres desconocidos que pululan por la ciudad, sea faenando en los muelles, sea haciendo la esquina..., tanto en los primeros rascacielos como recogiendo cebollas por un mísero salario».
Es la de Sandburg una poesía enérgica como la propia ciudad de la que en el primer poema manifiesta: «Me dicen que eres perversa y yo lo creo... Y me dicen que eres pérfida y respondo: sí, es cierto, he visto al pistolero matar y ser libre para matar de nuevo». Es una urbe industrial, dinámica, cuya pujanza se asienta en los miles de obreros y obreras con míseros salarios, esclavos modernos que bullen por calles y fábricas, oficinistas, tenderos, vendedores, limpiadoras, emigrantes, vagabundos, repartidores, camareros, enterradores, repartidores, trabajadores del muelle y del ferrocarril...
El poeta acusa la distancia entre ese mundo y el del lujo de los ricos, denuncia la injusticia social, la indecencia y la brutalidad de una ciudad movida por el dinero y el beneficio a costa de los débiles salarios de los trabajadores. Es una realidad cruel que el poeta retrata con vigorosas imágenes: «Conozco a un pescadero ambulante, un judío de Maxwell Street, con un vozarrón como el viento norte que soplara en enero sobre los maizales». Por otro lado, junto al hormigueo humano de la ciudad, nos parece oír los ruidos de la misma: remolcadores en el puerto, estrépito de ruedas, zumbido de motores y «las voces del hambre». Pero no todo es así, porque Sandburg promueve diferentes registros, entre ellos los referentes a la naturaleza, al amor, a los sueños... Véase esta estampa: «Por la ventanilla del tren la noche / es una cosa grande, oscura, suave, / rasgada por cuchilladas de luz». Es, como se puede vislumbrar, un mundo poético lleno de humanidad y de singular fuerza expresiva.