Cornada de lobo
Arbolito bien plantado
No. No se me iba a pasar el Tour sin darte la turra, la tour-ra, la matraca del agravio en la comparación, esa evidencia de ventaja que lleva Francia al pelotón europeo, y no me refiero a las bicis de Moreau o Didier Rous que andan siempre por los suelos, sino al sitio, a los lugares, villas y campiña, bosques o cultivos, eso que enseñan y delatan las cámaras que acompañan a ese culebrón con ruedas que todo lo llena de colorete hortera y publicidad por el morro. Sobre todo, las cámaras del helicóptero, que son como ojo de urraca que no miente desde la altura y se cuelas en corrales, patios y haciendas mostrando la verdad de las cosas. Y esa verdad es hiriente. Allí los pueblos son guapos por lo general, el campo es verde por lo capitán general, el urbanismo no agrede o espanta y el conjunto territorial se aprecia como un totum ordenado, cada cosa en su sitio, es decir, se sabe dónde acaban los pueblos y donde comienza el campo, cosa contraria a lo que muestran las cámaras de la Vuelta a España, esos pueblones nuestros deshilachados de perfil, ese barullo indefinido y revuelto de talleres, huertas, chalets, chamizos, chabolos, solares, vertederos y cementerios, campo herido de agresiones y barbechos. Verás que en Francia no hay terrenos baldíos. La política agraria europea que aquí paga el abandono, allí preña cada cuarta cuadrada de cultivos y feracidad forestal, cabréate, el cereal se hace mar de ondas, los maíces abultan la alfombra, el praderío es generoso con caballos y vacas que en esta montaña ya sólo se ven en los calendarios y, cuando llegue la carrera a tierras bordelesas y bordosianas vas a cagarte de la risa con los viñedos que allí amplían y esporpollan con pámpano exagerado. Las carreteras apabullan, sus vías locales parecen algo y las cunetas son tapete jardinero, rapuchado y limpio, cuneta de arbolito bien plantado, sombreando la brea, y no esto, esta obsesión ingenieril que arrampló con todo árbol y ensanchó el desierto prometido... Y al final, pueblos arropados, conjunto armónico, tejados parejos, normas que se cumplen, respeto al lugar, monumentalidad a la vista. Coge a nuestros concejales de urbanismo de la oreja y siéntales cada tarde a ver el Tour. Es una orden... Que aprendan