España vive hoy el enlace entre la hija del presidente del Gobierno y Agag
Una boda real para Ana Aznar
España asiste hoy a la que ha sido calificada como la boda del año. Ana Aznar Botella, de 20 años y única hija del presidente del gobierno español, y Alejandro Tarik Agag

Ana Aznar y Alejandro Agag a su llegada a una discoteca de Madrid
Desde las bodas de las Infantas Elena y Cristina, las hijas del rey Juan Carlos y la reina Sofía, España no había vivido un acontecimiento social de tal calado. Entre los casi 1.000 invitados estarán los propios reyes, el Ejecutivo en pleno, los presidentes de todas las instituciones del Estado, además de cuatro jefes de gobierno extranjeros: los primeros ministros de Italia, Silvio Berlusconi, de Gran Bretaña, Tony Blair, de Portugal, José Manuel Durao Barroso, y el presidente de El Salvador, Fernando Flores. Blair y Berlusconi, además, serán dos de los nada menos veinte testigos de boda en esta ceremonia, oficiada por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Tampoco faltarán artistas como Julio Iglesias, Raphael, Plácido Domingo, el cineasta José Luis Garci, la actriz Tina Sáinz, musa en su día de la izquierda española, o la modelo Inés Sastre. En fin: todo un festín para la prensa rosa, que se agolpará frente al recinto. A raíz del riesgo de atentados de terroristas etarras y dada la importante representación institucional, el enlace tendrá lugar en medio de grandes medidas de seguridad. Además, por pedido expreso de la novia, no habrá cámaras de televisión ni fotógrafos en la basílica. La boda, cuyo coste se calcula fácilmente superará los 100.000 euros (similar en dólares), contrasta con el carácter austero y sobrio del presidente del gobierno, José María Aznar. Precisamente por ello, la ceremonia ha levantado críticas. Así, se reprocha al jefe del Ejecutivo haber organizado una boda de Estado, algunos incluso hablan de una monarquía bicéfala. Nadie sabe quién se atreverá a regalar a la joven pareja la jarra-termo de 37,86 euros, el obsequio más barato incluido en las dos listas de boda, que suman un ajuar de más de 120.000 euros y que están expuestas en unos grandes almacenes y en una lujosa tienda de decoración y complementos de Madrid. Sí se sabe, en cambio, que los ministros del gobierno regalarán una refinada cubertería de plata valorada en 8.221,85 euros. De este obsequio se desmarcó, sin embargo, el titular de Economía, Rodrigo Rato, un íntimo amigo de la familia que hará un obsequio aparte. Tras el Sí, quiero, comenzará la fiesta. Será en la cercana finca Los Arcos del Real, un palacete neobizantino destinado a la cría y doma de caballos que pertenece a un amigo de la familia Aznar. Allí, además de un banquete servido por casi 250 camareros y preparado por 75 cocineros, habrá también música hasta el amanecer. No se descarta que Iglesias, Raphael o Domingo contribuyan a amenizar el ambiente, para lo que ya han sido contratados un conocido disc-jockey y el cantante Tito Muñoz, un habitual de la jet set. Pero la fiesta en realidad ya comenzó la noche del martes, cuando la gente guapa del gobernante Partido Popular (PP) arropó a la pareja en su despedida de solteros en la conocida discoteca madrileña Gabana. Allí, unas 500 personas bailaron al ritmo del grupo sevillano Siempre así. El flechazo entre Ana y Alejandro se produjo hace un año, en la isla de Menorca, donde el futuro yerno del presidente del gobierno fue invitado de la familia durante las vacaciones. La nenona, como Aznar llama cariñosamente a su hija, conocía a Alejandro desde que ella tenía 15 años, pues él fue uno de los más estrechos colaboradores del jefe del Ejecutivo en el Palacio de La Moncloa. Además, es el mejor amigo del hijo mayor del presi, José María Jr. Hasta entonces, Anita -la botellita de enmedio, como la bautizó la columnista Carmen Rigalt- no se había fijado en este madrileño, hijo de un belga de origen norteafricano y de una andaluza de pura cepa. Pero afirman las revistas del corazón que la joven estudiante de psicología seguía despechada tras romper con su novio de muchos años, un joven que conoció en Oropesa, donde antes los Aznar pasaban las vacaciones, y que Alejandro le hizo olvidar todo aquello. Para alivio de Ana, que dicen odia la parafernalia política, Agag decidió dejar la política cuando ambos decidieron casarse. Aseguran que él, pese a tener un brillante futuro político por delante, quería evitar ser señalado constantemente como yerno de Aznar. Aún así, no se librará del apodo el yernísimo. Ahora Alejandro trabaja como director general del Banco Portugués de Negocios (BNP) en Madrid. Ana quiere terminar sus estudios de psicología en la Universidad Complutense para después trabajar en su profesión. Pese a su juventud, su padre, y sobre todo su madre, Ana Botella, dieron el visto bueno al enlace. Ana, dicen, es muy madura para su edad.