Fermín Bocos A LA ÚLTIMA
Violencia doméstica y planes de educación
Tengo para mi que en Occidente, uno de los shocks más fuertes que ha sufrido el varón adulto en el último tercio del siglo pasado fue descubrir que no era imprescindible para garantizar la subsistencia de las mujeres ni de los hijos porque el acceso masivo de las mujeres al trabajo suponía la independencia económica, y, en consecuencia, su independencia personal. Independencia femenina que, digámoslo pronto, ha sido digerida de manera desigual por los hombres. Porque el hecho concreto es que han cambiado la naturaleza de las relaciones basadas en la igualdad y no en la necesidad. Este cambio es en sí potencialmente revolucionario. ¿Por qué? Pues porque entre otras cosas quiere decir que la mujer no necesita casarse para subsistir. Esta circunstancia ha provocado inseguridades en algunos hombres y en ciertos casos, reacciones violentas. Muchos, puede que en proporción mayor que en el pasado, maltratan a sus mujeres, novias o compañeras, porque se sienten impotentes ante ellas. Frustrados en su estatus masculino tradicional. ¿Por qué? Pues porque ellas ya no les necesitan para vivir y si quieren terminar una relación y deciden cortar, liberarse, pues van y lo hacen. Y es ahí donde algunos hombres cegados por la impotencia que significa su pérdida de poder desatan una violencia inusitada contra ellas. No las pueden mantener a su lado porque ellas no quieren y algunos, en su enajenación, llegan hasta el crimen. Se diría que algunos no soportan el derrumbamiento de la sociedad patriarcal donde la palabra del cabeza de familia era ley, donde la última palabra la decía él. A algunos hombres les irrita tener enfrente a una mujer que tiene y defiende su criterio sobre las cosas y no se deja imponer las decisiones. Sencillamente: no están educados para vivir en pie de igualdad. Puede que muchos de los casos de violencia doméstica estén relacionados con esa impotencia que sienten algunos hombres ante su pérdida de dominio sobre la mujer. Una mujer que ya no es un sujeto pasivo, sino el sujeto activo y principal de su propia vida. Además de cambiar las leyes para endurecer las penas contra los maltratadores, creo que también tendríamos que plantearnos un cambio en los planes de educación. ¿Para qué? Pues para que en las escuelas se enseñe a vivir la igualdad.