En medio de un camino

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josé entique martínez
El premio González de Lama que concede anualmente el Ayuntamiento leonés recayó este año en el poemario titulado El animal que espera, de la valenciana Lola López Maxtell, un verdadero descubrimiento pues era hasta ahora una poeta inédita. Llama la atención el título por su cercanía a uno de Olvido García Valdés, Lo solo del animal (2012) y a otro de Ada Salas, No duerme el animal (2009). No resulta extraño, por cuanto la vecindad de la poesía de la valenciana con la de Ada Salas es manifiesta a mi parecer. En uno y otro caso se puede hablar de brevedad e intensidad, de desnudez, despojamiento y depuración verbal. Breve y concisa es la poesía de Lola López Maxtell, enigmática a veces, con la pretensión, según creo, de no agotar el sentido, sino de dejar espacio a la intuición del lector. Las palabras van administrando enigmas, vislumbres, asombros y escuetos apuntes. Hay poesía cuando, enigmáticas o no, las palabras siguen resonando en el ánimo del lector. Y así ocurre con los poemas de El animal que espera, que crea espacios blancos, vanos de ventilación a modo de incitación al lector para que complete el sentido. El poema parte en un primer momento de un objeto, una entidad o una sucinta idea: un tallo que brota de una rama seca, una llamada misteriosa o un sueño que da lugar al hermoso poema «Salvoconducto», verdadera construcción de un mundo alternativo en el que situar nuestra vida interior.
De las cosas que están ahí, acomodadas al medio, sin problematizar nada, la poeta gusta de evocar lo liviano, el animalillo frágil que vive ahí sin más e ilumina nuestra vida («tanta belleza en todo lo que existe»). Y a partir de ahí se poetiza la sorpresa, la incertidumbre acaso, una inquietud, un miedo inconcreto o una sutil percepción como el canto del ruiseñor traspasado de cultura, pues «podría ser el ruiseñor de Keats o de Virgilio». Acaso sea el sentimiento temporal lo que impregna buena parte de los poemas. En uno de ellos, el ahora del presente es el que «me ha dejado / en medio de un camino», es decir, entre el ayer y el mañana; en otro, se echa en falta «el claro cantar del mirlo / en jardines de infancia»; resulta seductor el poema «Pasos en el umbral», en dos tiempos, uno evoca a la madre joven y otro, con el hueco de los años en el medio, el ahora: «Llegaba desde las fuentes claras / de una tranquila infancia / el aire frío y limpio / madre… / Ahora te has quedado en el portal / expectante, confusa…»