Diario de León

Max Cotilla Con el corazón en la mano

No está María

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León

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Hay doce elegantes en la lista de la revista que saluda, pero no está María. Doce apóstolicas de las vestiduras femeninas, presididas ellas por Carolina de Mónaco, la hermana de la princesa huracán, que tampoco sale. Hay reinas, princesas, modelos y señoras normales, como Elena Cué, que es ama de casa y se dedica solamente a acompañar a su marido a la Costa Azul de vacaciones. Pero de las doce, sólo debe quedar una y ¿quién será? seguro que no será María porque no está, ni Carmen, que tampoco está, ni la Venus de Milo porque no llevaba ropa y hay que llevar vestidos caros para ser elegante en la revista que saluda y en las otras. Así empezamos la semana que no promete nada bueno porque esto del corazón está de capa caída. Hasta María Bravo ha cambiado a Bruce Willis por uno del PP toledano, que ya son ganas, y se pasan la vida patinando por Venice Beach, la zona más bohemia de Los Ángeles, California y besándose en la terraza del pisito de María ante los objetivos del fotógrafo de la semanal. De las portadas de las otras, más de lo mismo, Bisbal, que sigue conquistando América y contando sus secretos, esta vez a la del horario corto en Puerto Rico. Ya no le deben quedar muchos al ricitos. La otra, la de la revista que se lee saca a Rosa la granadina, la que canta pero está afónica, que no se rinde y aprovecha para ir al gimansio, arreglarse los dientes y aprender inglés. Eso en las portadas y por dentro poco más o menos. Tenemos otras noticias que comentar en este diálogo de sordos, empezando porque Carlota, la que le gusta a Álvaro, hija de la princesa elegante, Carolina de Mónaco, que es hermana de la princesa huracán, Carlota, digo, siempre se cae del caballo y Ernesto de Janofa echa la bronca a los fotógrafos porque deslumbran al caballo. Será tu mirada, rico, le dicen los fotógrafos que siguen a la familia que se dedica a vender imagen del país saliendo en las fotos cada poco, incluso cuando van de vacaciones y a esquiar y toman vinos. Del caballo no se caen, en cambio, ni Arturo ni Olaya ni Alicia ni Marta ni Noé de su yegua Maricielo ni Tori, de la suya. Ni Jose ni Gonzalo, ni perrikis ni yo porque no nos subimos a la grupa. Lo que ya nos gustaría es que se casaran Carlos y Camila porque nos están dando la paliza con la boda. Que sí, que no, que a la reina la mando yo. Que si Isabel, que si Carlos, que si el mayordomo, que si el gay de la corte de Saint James, que si a Ana, la princesa, cuñada de Camila, le ha caído un marrón de tres narices por tener perros caprichosos que les da por morder al personal. Condenada está. A pagar. Mira la paya. Y si Carlota se cae del caballo, Bisbal cuenta secretos, Rosa aprende inglés, Alejandro Sanz, que es cantante ahora pinta y, además, es hijo de Algeciras, una señora que yo siempre pensé que era una ciudad gaditana a orillas de Gibraltar y ahora es el pueblo de Sanz, el que canta pinta. Por si fuera esto poco con los cantantes, ahora Michael Jackson, el balanceador, lleva a sus hijos mayores, que son pequeños, con velos talibanes por la calle y al que tiene en casa lo saca al balcón. Otra cantante, Yenifer López, the back, es muy sexy, pero Ricardo dice que no, que es más bien un poco locuela y tontorrona, ya que le da por casarse, divorciarse pagando una pasta gansa y volverse a casar, aunque sea con Ben. Curro Romero, por su parte, se quiere casar con una señorita en Bellasombra, una finca, lugar que no conocemos ni Guzmán ni yo, por lo que tendremos que mandar al reportero Romero que lo investigue. A ver que tiene Bellasombra que no tenga La Condesa, pongamos por caso, o Villablino, pongamos por más caso todavía. Y si es porque no hay playa, las reclamaciones se presentan en la oficina del alcalde. Leonardo di Caprio busca esposa para estar cómodo e independiente. Creo que por eso ha perdido a su modelo Bundchen que se ha ido con un millonario brasileño. Leo busca esposa y yo botillos por el Bierzo; arena por la playa del Bernesga y un taburete en la barra de Sebito. Y busco lotería y primitiva y a Lequio en Peña Ubiña, donde nunca está. Fin.

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