«Una rama arrancada de su árbol»
Como «una rama arrancada de su árbol» se sintió la joven sudanesa Mende Nazer cada día de los ocho años en que apenas sobrevivió como esclava y que ayer, Día internacional para la abolición de la esclavitud, rememora para alertar al mundo. Durante esa época, que recuerda para Efe pese al dolor punzante de su herida abierta, fue un ser inexistente, sin identidad, sin amigos, sin educación, sin dinero, sin nada que comprar o vender. Como esclava, pasaba las horas sirviendo a la rica familia árabe que la compró por cuatro perras cuando tenía menos de 12 años y de cuyas bocas -cuenta-«nunca salieron otras palabras que órdenes». Pérdida de identidad Nacida en una tribu nubia del sur del Sudán, Mende Nazer calcula que tiene unos 21 años, aunque no lo sabe con certeza porque, en su pueblo, las fechas no tienen importancia. «Sólo sé, porque en mi tribu se contaba la historia, que nací el mismo día en que murió el Urungwitch (el chamán de la tribu)», dice. Cuando tenía 12 años, los muyahidin -guerreros de la etnia árabe predominante en Sudán- atacaron a caballo su poblado en las montañas Nuba y lo redujeron a cenizas. Tras degollar a los adultos, secuestraron a mujeres y niños para venderlos como esclavos -una práctica que, aunque parezca mentira, continúa hoy en ese y en otros países-. Para esos árabes poderosos, los negros nubia valen menos que nada: por su color, por su pobreza, porque son el caldo de cultivo de la insurgencia. De nada sirve que Alá sea también su Dios.