Violencia en un balneario

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cristina sánchez reyes
Acapulco Killer, del periodista David Espino, reúne ocho historias hiladas a lo largo de ocho años en el balneario mexicano de Acapulco y en el resto del estado de Guerrero con víctimas y verdugos, y es un reflejo de la ola de violencia que padece el país y los periodistas. En entrevista con Efe, Espino comenta que en su libro rescata historias de personas que tienen un punto en común: la violencia. Esta, dice, ha trastocado la vida de los más de 3,5 millones de habitantes de Guerrero, una de las regiones más pobres de México, quienes han buscado sobrevivir a calamidades de todo tipo: huracanes, plagas, hambre, malos gobiernos, narcotráfico y violencia.
«Hay vidas, personas que se les ha trastocado completamente su realidad su vida común, su vida corriente. Y todo debido a la violencia», afirma tras años de investigaciones periodísticas. Espino, un periodista freelance que ha colaborado en medios nacionales y extranjeros, explica que su libro busca reflejar las diversas caras que tiene Acapulco, la ciudad más conocida de Guerrero y popular nivel mundial. Pues esa urbe no solo es el paradisíaco puerto que, otrora, era el lugar preferido de personajes famosos, tanto extranjeros como nacionales.
«Acapulco es inmenso y la idea era hacer una introspectiva como sociedad de cómo vemos la violencia y cómo este problema ha cambiado las realidades de la población», afirma. Para el periodista, este es un retrato de cómo la violencia y su normalización fue escalando desde el norte al sur del país y cómo la gente empieza a acostumbrarse a los daños que deja el narcotráfico. «Las personas ya no tienen oportunidades, no se hace nada al respecto. Es un tipo de violencia no solamente de las armas sino una violencia de Estado, porque si vas a una colonia en Acapulco verás una infinidad de cantinas y no hay una cancha deportiva o un centro cultural para tratar de equilibrar», afirma. Las historias, confiesa Espino, no fueron sencillas de conseguir.