Diario de León

Picos de Europa pierde parte de su biodiversidad alpina

Efectos en «cascada ecológica». El leonés Miguel de Gabriel Hernando investiga las consecuencias de los cambios globales sobre el ecosistema y las aves alpinas. En las últimas décadas, la población de especies como el gorrión alpino pierden ejemplares y ceden terreno a otras generalistas como el colirrojo tizón.

Carmen Tapia
León

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Picos de Europa pierde su biodiversidad. El «efecto en cascada» encadenada por los efectos del cambio climático, el aumento del uso turístico y deportivo y la intensificación de la ganadería extensiva en algunos lugares, influyen, modifican y amenazan a los ecosistemas alpinos, como es el caso de Picos de Europa. En las últimas décadas, el gorrión alpino cuya población se estima en un 40% menos en Picos de Europa. Otras especies alpinas como el acentor y el treparriscos se estima que cuentan actualmente con un 20% menos de ejemplares que hace dos décadas. Así lo pone de manifiesto el leonés Miguel de Gabriel Hernando, técnico de la Estación Biológica de Doñana. Miguel de Gabriel estudió Ciencias Ambientales en la Universidad de León y ha trabajado como consultor en proyectos de seguimiento y conservación de especies de aves, mamíferos y reptiles en España, Grecia y otros países de Europa, África y América. Desde el año 2018 realiza una tesis doctoral sobre ecología y conservación de ecosistemas de alta montaña centrada principalmente en las comunidades de aves y otras especies relacionadas. La tesis está dirigida por el también leonés Eloy Revilla, actual director de la Estación Biológica de Doñana. «La investigación persigue conocer cómo estos ecosistemas, también llamados alpinos, se están viendo afectados por los cambios globales, como el cambio climático o los cambios en las actividades humanas. Para ello estoy analizando, entre otros, datos obtenidos durante las últimas décadas por el Grupo Ibérico de Anillamiento, una asociación ornitológica leonesa con la que he trabajado desde que comenzó un proyecto de seguimiento de aves alpinas en Picos de Europa en el año 2003».

Lo que le sucede a las aves tiene un reflejo en lo que les pasa a otros grupos como las mariposas, los saltamontes, los reptiles, los anfibios, los mamíferos o las comunidades vegetales de las que dependen. «Los ecosistemas alpinos son de los más amenazados en la actualidad por el cambio climático. Aunque sus bastiones principales se encuentran en las grandes cadenas montañosas, como el Himalaya o los Alpes, en la península Ibérica, y concretamente en León, también tenemos una importante muestra de estos ecosistemas en la Cordillera Cantábrica».

De Gabriel Hernando sostiene que los ecosistemas alpinos de la península tienen una «extraordinaria importancia» para su conservación a nivel global porque su situación en los márgenes de su distribución en Europa hace que sean estratégicos como reservorio de la biodiversidad alpina. «El hecho de que se encuentren alejados de las grandes cadenas montañosas de Eurasia y sus cotas altitudinales relativamente bajas, hace que también se encuentren seriamente amenazados por el calentamiento global, a lo que se suman otras amenazas relacionadas con los cambios de las actividades humanas. En un estudio publicado el año pasado hemos estimado que con los escenarios futuros de cambio climático, el hábitat disponible para algunas especies de aves alpinas, como el gorrión alpino, se verá reducido en más de un 50% en el suroeste de Europa para la década de 2050, resistiendo únicamente en las cotas más altas de los Alpes y Pirineos y solamente en los macizos de Picos de Europa y Peña Ubiña dentro de la Cordillera Cantábrica».

Los efectos negativos de esta «cascada ecológica» ya se notan en la disminución de ejemplares de gorriones alpinos, una especie denominada especialista en el medio, que cede terreno a las más generalistas, que ganan población, como es el caso de colirrojo tizón , que puede vivir en un amplio margen de condiciones ambientales «lo que conlleva una reducción significativa en la biodiversidad y funcionalidad de nuestros sistemas montañosos».

En todo este proceso tiene gran relevancia el tipo de ecosistema. «Los de alta montaña son muy exigentes y relativamente pobres en producción primaria, ya que están dominados por grandes extensiones de roca con vegetación herbácea de bajo porte y que está sometidos a duras condiciones climáticas».

El investigador leonés destaca que el clima y la meteorología juegan un papel fundamental en la degradación de los hábitats. Gran parte de los nutrientes necesarios para que se desarrolle la vida animal y vegetal depende de los aportes del viento, que trae no sólo partículas y materia orgánica en suspensión, sino también insectos que son el alimento de las aves. «A menudo, esta lluvia de insectos queda atrapada en los neveros, tan típicos hasta hace poco en la montaña incluso en verano, y esto supone un recurso fundamental para muchas aves que se alimentan de ellos, como el gorrión y el acentor alpino. Cuando estas condiciones cambian, con una reducción de los vientos de primavera y una menor persistencia de la nieve que ha caído durante el invierno, los especialistas alpinos no pueden aprovecharse de estos recursos y tienen que ocupar otros lugares, como los pastizales más bajos, donde además tiene que competir con otras especies y corren mayor riesgo por la actividad humana y la presencia de depredadores generalistas a cuya presencia no se encuentran suficientemente adaptados».

En todo este proceso hay que empezar a tener en cuenta la promoción de las energías renovables, un recurso pensado precisamente para reducir los efectos del cambio climático. «Sin embargo, esta transición a las renovables se está planteando basada en gran parte en la producción de energía eólica a escala industrial y en la instalación de grandes parque eólicos. En la provincia de León y el entorno de la Cordillera Cantábrica se han instalado un buen número de complejos eólicos en zonas de gran valor ecológico, muchas de ellas también importantes para la biodiversidad de alta montaña, y se prevé que se instalarán aún más. Muchos de estos parques eólicos, además del impacto visual que suponen, implican una drástica modificación del terreno, un aumento de la mortalidad no natural por colisiones y un aumento de la permeabilidad a depredadores y molestias humanas, poniendo en peligro el hábitat de un buen número de especialistas de alta montaña, como acentores y gorriones alpinos o las chovas piquigualdas. Ese paradójico ejemplo ilustra cómo en la lucha contra el cambio climático antropogénico no vale todo, ya que si no se hacen las cosas de forma adecuada, los beneficios que supone el cambio a una energía no basada en combustibles fósiles, serán ensombrecidas o incluso superados por el perjuicio de la ocupación y degradación de los hábitats que se esperaría en un principio que fueran favorecidos».

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