Diario de León

Toneladas de vómito de petróleo

El 13 de noviembre de 2002 una llamada avisó de que el petrolero Prestige, con 27 tripulantes, se encontraba en serias dificultades. Llenó de chapapote las costas gallegas

Las palabras Nunca Máis, escritas en una playa de Carnota. CABALAR

Las palabras Nunca Máis, escritas en una playa de Carnota. CABALAR

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EFE

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Dos décadas atrás un viejo petrolero llamado Prestige vomitó toneladas de desolación en las costas de Galicia, de gran parte del Cantábrico e incluso zonas de Francia y Portugal. En 2002 aquella marea negra de chapapote provocó impresionantes brotes de indignación y solidaridad.

El mundo miraba de reojo las playas, la masa viscosa se pegaba a las rocas, lecho marino, manos y guantes, y la sociedad entera estaba descorazonada ante la magnitud del desastre.

Ha pasado el tiempo, veinte años, pero hay salpicaduras que el mar todavía no ha lavado y unas compensaciones económicas que siguen sin ser resueltas.

La Costa da Morte, zona cero del desastre ecológico, está salteada aún de rocas que conservan indeleble la marca negra de una tragedia todavía envuelta en desconocimiento, toda vez que se ignora casi todo de lo que sucede en el pecio hundido con fuel, de manera que no faltan voces que reclaman descender y conocer.

«No sé cómo decirlo para que nadie se sienta herido porque veo que hay una cierta carga política otra vez en todo esto, pero creo firmemente que desde un punto de vista científico técnico sería bueno visitar este pecio», dice Antonio Figueras, que era director del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC cuando zozobró el buque y que fue incluido en el comité científico asesor.

Basta visitar hoy lugares como Muxía o Carnota, dar un paseo por la zona intermareal de sus playas rocosas, para detectar manchas de fuel que organizaciones ecologistas relacionan directamente con el monocasco.

En principio todo parece limpio, pero si se afina la vista es fácil encontrar rastros de una sustancia solidificada y pegajosa.

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