La pluralidad creativa de Colinas

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JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
Los acercamientos críticos a la obra de Antonio Colinas (poesía, ensayo, narrativa, etc.) no cesan. El volumen que reseño recoge las intervenciones en el curso de verano de La Bañeza de 2021. Son diez los trabajos del volumen. El primero, de F. Noguerol, aborda las «brevedades epifánicas» de los Tratados de armonía y de las Memorias del estanque; Colinas busca en sus «contemplaciones» sintonizar con lo que lo rodea y alcanzar plenitud por medio de la atención a la naturaleza, el paseo calmado y las preguntas sin respuesta entre otras actividades anímicas. Por su parte, Ilia Galán trata de un asunto atendido por la crítica, la trascendencia en la poesía coliniana. El oxímoron «vacío pleno» da contenido al artículo de Ramiro Guardia desde presupuestos filosóficos. J. M. Balcells revisa la presencia china en la escritura del bañezano, y lo hace libro a libro a partir de Noche más allá de la noche, deteniéndose en composiciones en las que la cultura y la filosofía chinas son más evidentes y significativas. M. Gahete se centra en el clasicismo del poeta, «un movimiento intelectual y cultural inspirado en los patrones estéticos y filosóficos de la Antigüedad Clásica», basado en el decoro, la imitación de la naturaleza, la armonización de los opuestos y otros factores que aplica al entendimiento del clasicismo coliniano. A la labor traductora de Colinas se refieren tanto M. C. Fellie como la profesora leonesa Gilda Calleja; esta última ahonda en el asunto, que tan bien conoce; cabe decir que las traducciones que responden al placer estético y no a la obligación las representan dos nombres esenciales: Leopardi y Salvatore Quasimodo, poetas italianos con los que Colinas se ha sentido más identificado sentimental y poéticamente. J. J. Lanz interpreta brillantemente el «culturalismo vitalista» de Colinas y de su generación, con luminosos análisis de los poemas más relevantes en tal sentido en la etapa primera del poeta. J. Matas Caballero analiza la presencia de Córdoba en la poesía de Colinas anterior a Noche más allá de la noche, incidiendo en lo que significaron en la formación y la escritura del poeta los tres años, de los quince a los dieciocho, que pasó en la ciudad andaluza. Finalmente, María A. Pérez procede al estudio del último poemario coliniano, En los prados sembrados de ojos, en el que se adensan «claves que alcanzan aquí más alto vuelo».