El brillo de 2.000 grados centígrados
La sonda Cheops capta el exoplaneta más brillante nunca descubierto; tiene el tamaño de Neptuno y al estar cubierto de nubes metálicas refleja el 80% de la luz que recibe

Ilustración de la estrella HIP 12961 y su exoplaneta HIP 12961b. NSA
Un mundo hostil con temperaturas de hasta 2.000 grados y cubierto de nubes metálicas de las que llueve titanio, pero que le hacen ser el exoplaneta más brillante descubierto hasta ahora. Es un hallazgo logrado por la sonda Cheops, la cazadora de planetas más allá del sistema solar. El exoplaneta se llama LTT9779b, tiene aproximadamente el tamaño de Neptuno y al estar cubierto de nubes metálicas refleja el 80 % de la luz que recibe de su estrella anfitriona, según un estudio que publica hoy Astronomy & Astrophysics.
Su alta reflectividad lo convierte en el mayor «espejo» del Universo que se conoce hasta ahora. En el sistema solar, el planeta que más refleja la luz del sol es Venus, aproximadamente un 75 %, mientras que la Tierra lo hace en un 30 %. El descubrimiento inicial de este planeta lo hizo en 2020 la misión Tess de la Nasa y varios instrumentos terrestres como Harps del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile, pero las mediciones de alta precisión y su seguimiento fueron labor de la misión europea Cheops.
El exoplaneta tiene un radio 4,7 veces mayor que el de la Tierra y allí un año dura solo 19 horas. En el lado que da hacia su estrella, se calcula que la temperatura es de unos 2.000 grados.
Su mayor peculiaridad es que está cubierto por nubes metálicas reflectantes, formadas en su mayor parte por silicato —el mismo material del que están hechas la arena y el vidrio— mezclado con metales como el titanio.
Uno de los autores del estudio James Jenkis, de la Universidad Diego Portales de Chile, lo describe como «un mundo en llamas, cerca de su estrella, con pesadas nubes de metales flotando en el aire, haciendo llover gotas de titanio».
La fracción de luz que refleja un objeto se denomina «albedo» y el de la mayoría de los planetas es bajo porque tienen una atmósfera que absorbe mucha luz o porque su superficie es oscura o rugosa. Las excepciones suelen ser los mundos helados y los planetas como Venus, que tienen una capa de nubes reflectantes.