La sequía amenaza el futuro
La Agencia Estatal de Meteorología revela cuatro años seguidos de precipitaciones anuales por debajo de la media, a lo que se le suman registros históricos de calor

Vista general del embalse de Valmayor, en Madrid. JUAN CARLOS HIDALGO
Desde 2022, la palabra sequía es un término muy común en periódicos, telediarios y en conversaciones de bar. Un concepto que no es desconocido para la población. «Este fenómeno natural cíclico se registra en todos los países bañados por el Mediterráneo, tanto en su vertiente europea como en el norte de África», explica Emilio Camacho, catedrático de Ingeniería Hidráulica y director de departamento en la Universidad de Córdoba. «Lo que pasa es que ahora no son cada siete años», apunta Enrique Cabrera, catedrático de mecánica de fluidos en la Universidad Politécnica de Valencia y vicepresidente de la Asociación Internacional del Agua (IWA por sus siglas en inglés). «Son más frecuentes y duraderas», apostilla.
En los últimos meses, la imagen del agua en España son suelos resquebrajados por falta de humedad, antiguos pueblos inundados por los pantanos asomando por encima del nivel y restricciones al consumo del líquido elemento en más de 600 localidades. «Las perspectivas no son muy favorables», señala Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante. La causa inicial de toda sequía es la escasez de precipitaciones, también llamada sequía meteorológica, que deriva en una insuficiencia de recursos hídricos necesarios para abastecer la demanda existente, es decir sequía hidrológica. A estos dos términos se le suman la agrícola, que es el déficit de humedad en el suelo para satisfacer las necesidades de los cultivos, y la socioeconómica, que es la escasez de agua que afecta a las personas y a la actividad económica. «Ahora mismo tenemos los cuatro», revela Camacho. «Esto es algo que ha ocurrido a lo largo de nuestra historia», destaca, «solo que en esta ocasión el patrón de precipitaciones está cambiando y ya no llueve como antes», explica.
Por debajo de la media
Los registros de la Agencia Estatal de Meteorología revelan cuatro años seguidos de precipitaciones anuales por debajo de la media, a lo que se le suman registros históricos de temperatura. «Las aportaciones a los embalses desde 2013 han caído», cuenta Olcina. A pesar de que algunas zonas de la península ibérica están en «sequía prolongada» desde finales de 2022, «la situación no es tan alarmante como en 1995», tranquilizan estos expertos.
En aquella época, tras varios ejercicios sin precipitaciones dentro de la normalidad, los embalses apenas albergaban 15.000 hectómetros cúbicos de agua, el mínimo embalsado en el último medio siglo.
A pesar de la recuperación desde aquel mínimo a mitad de los 90, durante la segunda mitad del siglo XX, Greenpeace ha detectado ya una reducción de entre el 10% y el 20% de los recursos hídricos disponibles en muchas cuencas peninsulares. «El futuro apunta a una situación en la que habrá menos agua en los embalses, en los ríos y en los acuíferos», destaca Alberto Garrido, director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín. Sin embargo, «habrá agua para la ciudadanía», responde. El historial de sequías sufridas en la península «nos ha hecho gestionar mejor estas situaciones», apunta. «En la del 95 aprendimos una traumática lección e hicimos los Planes Especiales de Sequía, los PES. Ahora toca una tercera revisión». La última modificación de estos instrumentos de gestión tuvo lugar en diciembre de 2018 y tras la aprobación de los planes hidrológicos de cada demarcación para el periodo 2022-2027, corresponde ahora ajustar los PES a dichos planes que constituyen su marco de referencia.