Cualquiera de los dos jóvenes pudo caer
El piloto republican Josep Falco venía desde entonces cada verano a la Costa Brava catalana y aprovechaba la estancia «para dejar unas flores, rosas rojas, delante de aquella lápida o monolito». El que fue piloto republicano mantenía que pudo caer cualquiera de los dos en aquel combate y que quien lo hizo al final no dejaba de ser un joven que perdió la vida con 24 años.
El gesto del español, exiliado a Francia por la dictadura de Francisco Franco, pasó por varios campos de concentración.
Josep Playà sostiene que «mucha gente» interpretó la lápida como un homenaje a aquella aviación nazi «que bombardeó Gernika en el País Vasco, pero también Figueres o Granollers en Cataluña, la Legión Cóndor».
Esto provocó pintadas y la vandalización de hace prácticamente un año, que Playà enmarca en «el debate sobre la memoria histórica» en España. Las explicaciones de lo que sucedió son la clave, en su opinión, para darle sentido a todos estos restos que quedan de aquel campo de aviación y de aquella mañana del 6 de febrero de 1939.
De ahí, la creación de un itinerario ilustrado con carteles informativos que tiene tres partes principales; uno de los denominados hospitales de sangre para asistir en casos de bombardeo y atender heridos; un refugio muy poco común entre los que se conservan de la Guerra Civil ya que está en superficie ante la imposibilidad por la orografía de hacerlo subterráneo; y un cementerio con la lápida del piloto alemán.