La ciudad de las contradicciones
En árabe, imposible es ‘mustahil’; aunque esa palabra no se encuentra en el lenguaje de los dubaitíes. En esta urbe se puede tocar casi el cielo desde lo alto del Burj Khalifa, el edificio más alto del planeta con 828 metros de altura, o sumergirte a 60 metros en la piscina más profunda jamás construida. La segunda más importante de Emiratos Árabes Unidos (EAU), es una ciudad de récord. Hace apenas cuatro décadas, Dubái contaba con medio centenar de habitantes que se dedicaban al comercio o a la pesca de perlas. Ahora, supera los 3,3 millones y recibe casi 15 millones de turistas al año. El maná negro del petróleo la llevó, a finales de los 90, a ser la ciudad que más rápido crecía en todo el mundo. La fiebre del oro negro trajo a Dubái el Burj Al Arab, uno de los hoteles más lujosos del mundo y el mítico Burj Khalifa, con 154 pisos. A sus pies los turistas se recrean con un espectáculo acuático en pleno desierto. Carece de agua y bebe del Golfo Pérsico con la desaladora de 43 plantas Jebel Ali.