Diario de León
Pedro García Trapiello
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CORNADA DE LOBO. GARCÍA TRAPIELLO

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M al sábado si faltas. Y hoy, peor domingo si te vas al vientre de esta tierra leonesa que te será leve y palpitará al recibir a quien palpitó «morido de amores por ella» como la Pícara Justina, querido «Isidorus», Isidoro Álvarez Sacristán, paisano enorme, amigo impagable, jurisprudente en pie, compromisario del vivir atento al drama y al gozo heroico del hombre, vigilante de lo justo y del estilo, incansable ensayista, poeta en pasos libres de métricas y huidizos de laureles, instructor de miradas más allá de estas piedras, empedrador de sendas a lo trascendente del Más Allá (« he sido finito y me he quedado entre la piedra y el amor al resplandor », escribías en tu penúltimo poemario), infatigable pensador en un tiempo amodorrado... y cuántas cosas más decir de ti que han de ir en el morral de este tu último tránsito, porque eras gente de corazón por fuera y perseguidor del gusto por lo exquisito.

Sabiendo que tus obituarios serán anchos tras laureada carrera como magistrado, jurisconsulto, estudioso escritor y profesor hasta sentarte en altos tribunales y academias, no insisto aquí para decirte que has podido vivir en paz antes de desearte aquella en la que ya descansas porque, Isidorus, cumpliste con la vida, con los tuyos y con quienes te eran ajenos reclamando tu sentir y tus sentencias. Citabas en ese poemario a Gamoneda (« Definitivamente, me he sentado a esperar la muerte como quien espera noticias ya sabidas ») y añadías tú: « Una vez que te sientas en la vida, aparecen las visiones de la eternidad como si estuvieras a la espera de una tradición imperecedera. Acaso te sinceras con tus congéneres y les explicas cómo ha sido tu relación con ellos para decirles luego que has sido generoso, que no congenias con los odios, que estás mejorando tus silencios o que serán siempre tus hermanos ». Y que sepas que esta tierra agradece infinito la leonesidad que acuñaste para espantar los tantos ismos de corral que aquí nos sitian. Y que nos queda tu obra y tu vivir grabado en piedra, tu piedra, mientras este abrazo enorme y el beso de Susana te acompañan en este tu último camino a la luz.

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