Diario de León

EXILIO

El exilio de los venezolanos en León: «Si vuelvo a mi país tengo marcada mi sentencia»

Tres familias venezolanas recién llegadas a León relatan el riesgo de quedar en situación de calle. El primer problema es lograr una cita telefónica para pedir asilo

Camila, Ángelo y Mariam. Angelopez

Camila, Ángelo y Mariam. Angelopez

Carmen Tapia
León

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Afrontar un exilio genera un alto grado de estrés y violencia por la pérdida de referentes y fractura cultural. «Yo tengo un posgrado. Estudié Recursos Humanos, me preparé, tengo dos hijos, hice todo lo que tenía que hacer. No contaba con que una dictadura, en la que no tengo nada que ver, me haga pasar por todo esto. He sido perseguida e insultada en mi país. Conocí una Venezuela próspera, pero ahora ni los ricos pueden comer. Me vine a España con mis dos hijos, sola, mi pareja se quedó porque tiene que arreglar todavía mucho papeleo. Busco una oportunidad, no quiero que me regalen nada». Norgrelys Pereira tiene 43 años y desde el 10 de diciembre vive en León con sus dos hijos, Aaron, de 14 años, y Fareyd, de dos años, pero llegó a España huyendo de la situación social y política de Venezuela hace tres meses. Su relato, como el de las tres familias venezolanas que participan en este reportaje, muestra un periplo de amenazas, huidas, promesas, traiciones, abandono y llantos. Ninguno de los miembros de estas familias puede contener las lágrimas cuando relata sus últimos meses de vida. Llegaron a España con promesas de ayuda de sus propios compatriotas que ya están asentados, pero nada resultó como esperaban.

Periplo

Samuel, Dayana, Samantha y Alexis, sentado.

Samuel, Dayana, Samantha y Alexis, sentado.Ángelopez

«Alexis Placencio, de 51 años, Dayana Acosta, de 40 años, y sus hijos Samuel, de 16 años y Samantha, de 8, llegaron a Madrid el 14 de noviembre procedentes de Perú, país en el que vivieron siete años tras huir de Venezuela. «En Perú la xenofobia es muy fuerte. Creen que todos los venezolanos que llegan son malas personas. Nuestros hijos sufrieron acoso en el colegio. Vivimos experiencias duras». Entre ellas, la exigencia de las bandas para que Alexis les pagara un dinero para poder pasar con su mototaxi por algunos lugares. «Caí enfermo y los médicos no me creían, decían que estaba fingiendo. Me tuvieron que operar de la vesícula y me exigieron que comprara todo el material del quirófano, agujas, vías, todo, a pesar de tener un seguro. Tuve que pedir dinero prestado». La precaria situación económica y social motivó que la familia se planteara un segundo exilio y los ojos los pusieron en España. Un grupo de amigos les prometieron acogerlos a su llegada, pero cuando aterrizó el avión en Madrid nadie les estaba esperando. «Traíamos dinero para ayudar durante un mes a la familia que supuestamente nos esperaba. La primera noche la pasamos en un hotel, que incluía el pasaje, y después no sabíamos qué hacer. Elegimos León al azar. Nos gastamos 180 euros en el pasaje del tren y cuando llegamos no teníamos nada, preguntamos por un albergue, pero no dejan pasar a los niños, pero nos advirtieron que si nos quedábamos en la calle nos quitaban a los niños. Fue muy complicado. Pagamos tres noches en el hostal Orejas y nos hablaron de la Asociación de Venezolanos Integrados en León». Entonces la red de compatriotas de León se puso en marcha. La asociación consiguió reunir dinero para pagarles un hostal y la fortuna sonrió a esta familia porque el mismo día que llamaron para pedir asilo alguien descolgó el teléfono al otro lado. «Pudimos pedir la cita para solicitar la protección internacional y enseguida nos pusimos en contacto con Accem que nos dirigió a Cruz Roja. Ahora estamos en el programa de portección. Me gustaría trabajar en lo que salga. Si pido ayuda, siempre de buenas maneras, es por mis hijos, pero quiero trabajar en lo que sea».

Para solicitar el asilo una vez que se llega a España como turista hay que pedir cita por teléfono a la Secretaría de Estado de Función Pública. "Es muy difícil. El teléfono siempre está comunicando, saturado». El presidente de la Asociación Venezolanos Integrados en León, Tirso Alfonso González, reclama que se faciliten las citas en situaciones de emergencia, como es el caso de las familias que llegan con hijos pequeños. Es el caso de Norgrelys, que todavía no ha conseguido que le descuelguen el teléfono y el día 10 de enero se le acaba el tiempo que puede permanecer en España como turista. Norgrelys llegó a Madrid animada por una persona muy amiga de Venezuela, que vive en la comunidad valenciana. «Ella sí nos esperaba en el aeropuerto, le pagué el pasaje y los gastos que tuvo con lo que traía de lo que pude vender en Venzuela, y en pocos días cambió de actitud. Se volvió agresivo e incluso nos puso cámaras en su casa. La situación era muy complicada y pedí ayuda a una amiga de Barcelona, nos trasladamos a su casa y la convivencia fue muy difícil. Mis dos hijos y yo dormíamos en el sofá y cuando encontré un trabajo de limpiadora me hice un esguince en el tobillo y no podía trabajar. Pedí ayuda al ayuntamiento, organizaciones, pero nada. Una psicóloga me llegó a decir que me volviera a Venezuela y que estabámos colapsando el sistema sanitario. Le dije que si retornaba me marcaba mi sentencia, que me romperían el pasaporte, que tendría cargos como terrorista y que no tenía ni idea de las circunstancias por las que he tenido que pasar para buscar una oportunidad para mis hijos y que me obligaría a vivir en una dictadura, donde he visto hambre, gente cazando palomas para hacerse un caldo. No quisimos escoger esto, no vengo a ser carga de nadie. Sólo pido que nos den una oportunidad para integrarnos como personas de bien».

Fareyd, Aaron y Norgrelys.

Fareyd, Aaron y Norgrelys.Ángelopez

Empadronamiento

La primera preocupación es el empadronamiento para regularizar su situación, trámite que no pueden realizar hasta que consigan la cita para pedir asilo. Ángelo Correa, de 28 años, Mariam Parra, de 29 años y su hija Camila, de 2 años, llegaron a León el 21 de noviembre. A los conflictos políticos en su país y la crisis económica, la familia tuvo que afrontar un problema de salud de su hija. «Nació con bajo peso y tiene problemas en los huesos. Las pruebas que le han hecho no detectan nada, pero en Venezuela no hay médicos especialistas. Esperamos que las pruebas genéticas detecten lo que tiene y encuentren una solución». El primer destino fue El Barco de Valdeorras, donde unos amigos les ofrecieron acogida y un trabajo apalabrado. «En pocas horas todo cambió. Eran una pareja de venezolanos y a los tres días nos dijeron que nos fuéramos. Mi hija lloraba por las noches y ellos no lo toleraban. Empezaron los problemas. Nos dijeron que nos fuéramos. Nos quedamos en la calle con 50 euros. El objetivo era llegar a Madrid, pero se trasladaron a Ponferrada. «En el albergue nos dijeron que no admitían a niños, pero que fuéramos a la Policía para ver si nos dejaban por una noche. Nos dieron un bocadillo y gracias a eso pudimos comer. Nos autorizaron a dormir allí esa noche y nos dieron el teléfono de Accem, que nos puso en contacto con la asociación de León, que nos pagó el billete de autobús y una habitación en León». Ahora viven en uno de los pisos habilitados por la Familia Vicenciana de las Hijas de la Caridad de León. «Las familias con hijos no tenemos recursos para estar juntos. Queremos trabajar y devolver poco a poco todo el dinero que nos están prestando para salir de esta situación». También están pendientes de conseguir una cita telefónica para pedir asilo.

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