REIVINDICAN LA LANA EN EL REINO DEL MERINO
Las hilanderas de León vuelven a la escuela
La Casona de San Feliz de Torío acoge el segundo curso de esta iniciativa única en el mundo y ofrece dos plazas aún disponibles

María Ferrán, en primer plano, y Alba Rueda, a su lado, durante la demostración en el Museo de los Pueblos Leoneses. DL
Hilar es una práctica antiquísima y está unida al nacimiento de las civilizaciones en todos los continentes. Los husos y ruecas manuales llegaron hasta el siglo XX como herramientas casi intactas durante milenios. La ruptura con esta tradición se produce en el cúlmen de la era industrial.
Desde León, la cuna del merino, se recupera esta tradición para insertarla en la era digital, sin metaverso ni complejos. Alba Rueda y María Ferrán son las artífices de la primera Escuela de Hilanderas que se conoce en el mundo.
El próximo 26 de enero arranca su segundo curso en la Casona de San Feliz de Torío. Un domingo al mes que consagran a «transmitir el significado histórico» y «la importancia que debería tener la lana en España», apunta Alba Rueda.
Cuatro horas (de 10 a 14.00) entre husos, ruecas, cardas de mano, peines y cardas de tambor... sin que falte el café y el bizcocho y muchas historias que contar.
«Hay gente que se engancha a escardenar (abrir la lana) o a cardar porque le da miedo pasar del huso a la rueca», comenta la emprendedora. El paso del hilado con huso a la rueca «es un salto muy grande».
«Hay unas ruecas neozelandesas que son plegables y portables. María y yo las llevamos cuando vamos de viaje e hilamos en cualquier parte», explica. Nada que ver con las antiguas ruecas con una gran rueda que se conservan en los museos. «Hemos hilado en sitios increíbles», apostilla.
La escuela tiene su propia rueca (Bonie, que es bonito en gaélico) para que las alumnas y alumnos, cuando se dé el caso de la incorporación masculina al hilado, se inicien en su manejo.
El hilado con el huso es el primer paso para aprender. «Te da el tacto de la lana y te quita el miedo a que se rompa el hilo», explica Alba Rueda. Del huso se va pasando a la rueca.
Entre 10 y 12 personas se dan cita en estos encuentros mensuales y aún quedan disponibles dos plazas para la segunda edición de la Escuela de Hilanderas de León. El aprendizaje de la técnica se empieza a notar a los dos o tres meses. «Empiezas a ver la autonomía que adquieren», explica.
Este año se incorpora a la escuela una alumna de excepción. Noelia Geijo, que se ha puesto al frente del taller artesano de mantas y calcetines Santiago Geijo de Val de San Lorenzo, tomando el relevo a su padre, a su abuelo y bisabuelo, se ha propuesto cerrar el círculo de su relación con la lana aprendiendo a hilar, algo que hacían todas las mujeres de su pueblo hasta no hace muchas décadas pero que se ha perdido.
En el mes de febrero, la Escuela de Hilanderas tiene prevista una salida a Val de San Lorenzo, donde visitarán los museos textiles —CIT La Comunal y Batán Museo— y el taller artesano de Noelia Geijo.
En abril harán la visita a la madrina de la escuela, la ganadera y pastora Violeta Alegre, coincidiendo con la época de la esquila de los rebaños que gestiona junto a su marido Gregorio Fidalgo. Tener el contacto directo con los vellones de lana es un privilegio para estas entusiastas del hilado. La Escuela de Hilanderas espera repetir su participación en vivo y en directo en la Feria del Carea de Cerezales del Condado, después del éxito del año pasado. Sin atuendos del pasado y solo con su delantal —y muchas veces descalzas— hilarán como hilanderas del siglo XXI. En verano serán pastoras por un día junto a Violeta Alegre en los montes de Luna. El curso finaliza entre septiembre y octubre con ‘fila’ y filandón, como manda la tradición, junto al grupo Romanza y Mimbre.
Como novedad, la escuela quiere abrir una segunda sede, en marzo, con tiempo más liviano en la montaña, en el Museo de la Lana y la Trashumancia de Salamón, en el municipio de Crémenes, con la colaboración de la Concejalía de Cultura.
Entre las futuras alumnas de la nueva sede está Rita, ligada a la ganadería trashumante y al mundo de la lana por su marido, Argimiro Rodríguez. Este pastor de Tejerina se jubiló con ganadería propia en Extremadura (Fuente de los Romeros) y ha puesto el broche a su vida laboral con un proyecto emprendedor de mejora de la lana de sus merinas importando embriones y semen de merinas de Australia, descendientes de las leonesas y cuya lana ha recogido el testigo del prestigio que tuvo la española.
Para detalles del curso: @escueladehilanderas en Instagram