Diario de León


Antonio Serrano, jefe de Psiquiatría del Caule: "El sufrimiento no es una enfermedad mental»

Tras una amplia experiencia clínica, el psiquiatra asume el cargo con el reto de cambiar los procesos de gestión para "dar a cada paciente lo que necesita"

Antonio Serrano, en el Hospital de León.

Antonio Serrano, en el Hospital de León.ángelopez

Carmen Tapia
León

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Antonio Serrano asume la jefatura del servicio de Psiquiatría del Hospital de León tras una amplia experiencia en la práctica clínica. Con 500 ingresos hospitalarios al año, un centenar de personas que acuden a urgencias con conductas suicidas, 25.000 consultas anuales, 145 camas y dos hospitales de día con 15 puntos de hospitalización cada uno, el servicio aborda una estrategia para la gestión por procesos. «Hay cierta ilusión para cambiar algunas cosas», asegura.

—¿Qué va a cambiar en el servicio?

—Hay cuatro aspectos fundamentales. La parte asistencial es la más importante, en la que hay que modernizar las formas de abordar la psiquiatría. Nuestro foco fundamental es el trastorno mental grave, donde León cuenta con muchos recursos y hay una muy buena sintonía con la dirección del Hospital. Queremos avanzar a la gestión por procesos, dar a cada paciente lo que necesita. Un principio fundamental es la equidad.

—¿Y cómo tiene pensado organizar la equidad?

—Requiere de una gestión por procesos. No es lo mismo un paciente que tiene una esquizofrenia que uno que tiene un episodio depresivo único. El abordaje tiene que ser diferente. Todavía estamos con el diseño de ese abordaje. Todas las labores de gestión y administración requieren su tiempo. El objetivo es dar a cada paciente lo que precisa, ayudar a que la población de León sea capaz de desarrollar formas de afrontamiento del estrés de la vida que no requieran fármacos ni intervención, y ser punteros a la hora de tratar las enfermedades mentales graves. Hay tratamientos innovadores para que las personas puedan llevar una vida normalizada. Las asociaciones y entidades de la red de salud mental de León son muy importantes para el abordaje integral.

—¿Cómo se hacía hasta ahora?

—Todo se deriva a los equipos y los equipos repartían la atención. Ahora buscamos empezar ya directamente con las cuestiones específicas y ahí nos tenemos que apoyar mucho en los médicos de atención primaria, que además hacen un trabajo excelente, porque la mayor parte de consultas de salud mental no son en psiquiatría, son en atención primaria. Queremos ayudarles en ese trabajo y potenciarlo desde un punto de vista formativo para que puedan resolver una parte muy importante de ellos, que ya lo hacen, pero todavía hay que darles más herramientas. Las herramientas tecnológicas que se están poniendo en marcha, como la interconsulta no presencial y el cribado de preferentes.

—¿En qué consiste la interconsulta no presencial?

—Es una herramienta telemática que no es para derivar al paciente como tal, sino para resolver una duda puntual que pueda tener un médico de atención primaria sobre un paciente y su tratamiento.

—Una consulta con Psiquiatría del Hospital.

—Somos un servicio muy grande, no solo estamos en el Hospital, abarcamos muchos espacios. Hay proyectos innovadores como el que se ha puesto en marcha con el equipo de Digestivo en La Bañeza sobre prevención del alcoholismo, premiado recientemente. Es posible que ese modelo se pueda replicar en más centros. El Hospital Santa Isabel ha cambiado mucho, ahora es un centro abierto, los pacientes entran y salen, están en la comunidad.

—La atención psiquiátrica y social tiene un asunto pendiente con las personas que viven en la calle. ¿Tiene algún proyecto para estos enfermos?

—Hace unos años empezó el Equipo Comunitario de Atención Integral (Ecai) que la idea es que se desplacen a donde está el paciente y ahí entra la atención a las personas en situación de calle. Nuestra intención es potenciar toda esta asistencia.

—Las familias también demandan más recursos para la población infanto juvenil, que cada vez necesita más atención psicológica y psiquiátrica.

—El compromiso de la Junta de Castilla y León en la Estrategia de Salud Mental es bastante firme. Hace un año abrimos el Hospital de Día Infanto Juvenil y probablemente pronto tengamos una planta de hospitalización porque cada vez tenemos más demanda.

—¿Qué es lo que más preocupa a los psiquiatras en la provincia de León?

—No hay un perfil específico en la provincia, pero estamos viendo muchos niños que tienen cuadros de autolesiones, adictivos a las pantallas, que afecta al sistema nervioso central, con problemas de conducta. Y no solo en los niños, también en los adultos. Me preocupa mucho el individualismo excesivo. Las redes de comunidad han caído bastante y parece que cada uno tiene que resolverse las cosas por sí mismos, y eso es un problema porque nadie tiene recursos para abordarlo todo. La sociedad está polarizada y eso no es una cuestión psiquiátrica sino social. Hay una canción de Aute que dice que ‘algo tan endeble como lo distinto no es causa para que yo sea tu enemigo’. Normalmente, quien tiene odio tiene miedo. Hay que ponerse en el lugar del otro. Aquí tenemos que vivir todos y encontrar la forma de relacionarnos sin hacernos daño porque si no es así lo que queda es la fuerza, que es un error. Cuando alguien insulta y ataca es porque ha perdido argumentos.

—Qué opinión tiene de la serie ‘Adolescencia’ que retrata el impacto y las consecuencias de las redes sociales.

—No la he visto. Te puedo decir que la adolescencia es un periodo crítico en el desarrollo del ser humano. Los adolescentes no se ven como niños y todavía no han conseguido ser aceptados como adultos. Es una transición difícil, tienen que encontrar su identidad y su forma de estar en el mundo y más si las redes de comunidad han desaparecido.

—¿Y qué papel juegan las familias, padres y madres que también han crecido con el uso de las redes sociales?

—Las tecnologías en sí no tienen una connotación moral, son una herramienta. La cuestión es cuando la herramienta pasa a ser un fin en sí mismo. Si te pasas horas mirando para el móvil sin utilidad se convierte en un problema.

—¿Qué cambio ha notado desde que ejerce la psiquiatría?

—La enfermedad mental no cambia, tiene unas bases fisiopatológicas, una neurobiología, con un aumento de dopamina a nivel cerebral en la psicosis, una disminución de serotonina en las depresiones, etc. Últimamente, hay una corriente de pensamiento que dice que el sufrimiento es una enfermedad y eso no es verdad. El sufrimiento es inevitable en la vida. El sufrimiento lo veo asociado a las enfermedades.

—¿Cree que, en general, hay menos capacidad para gestionar el sufrimiento? España es uno de los países europeos que más recurre a los ansiolíticos.

—Tenemos un problema con eso, sobre todo con los ansiolíticos, las benzodiacepinas. Son fármacos que sientan bien, pero son muy difíciles de retirar. Si te tomas un ansiolítico te va a calmar, pero si el problema persiste ¿qué haces? ¿Sigues con lo mismo?

—Pero los ansiolíticos los recetan los psiquiatras.

—La mayor parte los recetan los médicos de atención primaria y eso también tiene que ver con los tiempos de consulta. Estamos intentando ampliar el abordaje por la vía psicológica, pero no deja de ser una cuestión de poner la solución en algo externo. Las personas tiene que ser capaces de desarrollar el modo en el que afrontar el estrés.

—¿Se va a aumentar el número de psicólogos en atención primaria?

—Estamos con ese proyecto y espero que dentro de poco te pueda dar una respuesta más concreta. Es algo que será muy útil para desmedicalizar la vida cotidiana y para resolver según qué cuestiones. El sufrimiento no deberían ser una cuestión a tratar en psiquiatría o psicología, ni en atención primaria.

—¿Cree que hay menos tolerancia al sufrimiento o más problemas en la vida?

—¿Por qué somos más individualistas? ¿Por qué tenemos más intolerancia a lo distinto? ¿Por qué tenemos cada vez más miedo? Todas esas respuestas no se centran en el ámbito de la psiquiatría.

—Decía antes que hay cuatro facetas en el servicio, comentó la asistencial ¿cuáles son las otras?

—La docente es otra. Estamos acreditando la unidad docente multidisciplinar conforme al nuevo decreto de la especialidad. Se compone de psiquiatría clínica y enfermería especialista en salud mental. El desafío de la Facultad de Medicina para León es importante. Hay dos asignaturas que nos quedan cercanas, psiquiatría y psicología médica. Los médicos del hospital quieren ayudar, pero ninguno va a dejar la clínica para dar clases. Otra faceta es la investigación. Los residentes tienen al menos un proyecto de investigación. En salud mental tenemos dos unidades de referencia autonómica, como la unidad de larga estancia y la de patología dual de discapacidad intelectual, y dos de referencia provincial como la de convalecencia psiquiátrica y la de rehabilitación hospitalaria. Tenemos muchos recursos para la docencia, la investigación y la asistencia. La cuarta pata de la asistencia es la gestión, establecer circuitos claros para saber lo que necesitan los pacientes para que hagan su vida lo más normal posible.

—Sin embargo, hay mucha lista y tiempo de espera para una consulta y no todo el mundo puede pagarse un psicólogo privado cada semana.

—Hay que centrar muy bien lo que es un problema de salud mental. El diagnóstico lo hacen los clínicos. Si tienes un conflicto laboral lo primero es ir a un sindicato o al juzgado, no por la vía de la salud mental porque están errando el tiro. Estos problemas pueden causar ansiedad, que en sí misma no es un trastorno, es una respuesta fisiológica, todos tenemos ansiedad. La ansiedad patológica es cuando es excesiva al estímulo o mantenida. El ansiolítico alivia, pero no es la respuesta.. La respuesta es cambiar la situación. Hay enfermedades mentales que necesariamente hay que tratar con fármacos.

«La mayor parte de las consultas que se hacen sobre salud mental no son en psiquiatría, son en atención primaria»

​«Me preocupa el efecto que tiene el individualismo excesivo, sin redes de apoyo, en la salud mental de los adolescentes»

«La sociedad está muy polarizada. Quien tiene odio tiene miedo y eso no es un problema psiquiátrico, es social»​

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