Salir con lo puesto a los 18 años del centro tutelado: "Quiero defenderme por mí misma"
El proyecto Vive, de la Asociación Ecoperia, abre dos pisos en León para apoyar a los jóvenes que deciden no volver con sus familias para que lleven una vida independiente

Los jóvenes se responsabilizan de sus tareas. María se prepara el desayuno.
Carla ha vivido en centros tutelados desde los 11 años. Acaba de cumplir 18 años y la protección que le brindaba la administración pública desaparece. Desde el mes de marzo comparte piso con otros tres jóvenes en su misma situación en una de las dos viviendas de emancipación del Proyecto Vive (Vivienda y Vías de Emancipación) que la Asociación Ecoperia acaba de abrir en enero en León en colaboración con Fundación «la Caixa» y el respaldo de la Gerencia Territorial de Servicios Sociales, que es quien deriva a los adolescentes a este nuevo recurso. Ya hay doce en lista de espera. «Prefiero estar aquí, tengo menos agobio. Llevo una vida independiente, sin horarios, y quiero defenderme por mí misma». Carla reconoce que cuando ingresó en el centro de acogida tuvo que ir al psicólogo. «En mi caso me llevaron de repente, para mí fue un shock. Me ayudó mucho ir al psicólogo y ahora estoy bien, ya lo he superado». Mantiene relación con su familia, a la que ve a menudo, pero prefiere vivir sola. «Quiero estudiar emergencias sanitarias y dedicarme a eso».

Carla, en su habitación.
Más de un centenar de menores viven en centros residenciales en León protegidos por la Consejería de Familia de Castilla y León. Son niños y niñas que atraviesan una situación de vulnerabilidad por situaciones familiares complejas que impiden a las familias ocuparse de sus cuidados y bienestar. Algunos son acogidos en hogares de manera temporal y otros permanecen en los centros hasta que cumplen 18 años. ¿Y después qué pasa? «Salen del servicio de protección a la infancia con la mayoría de edad y tienen tres opciones: o vuelven con sus familias de origen, aunque sean situaciones complicadas, o se quedan con las familias extensas (tíos, primos o abuelos), o en la calle», asegura Sofía Delgado, trabajadora social y coordinadora del Proyecto Vive, que nace en León para extender una mano a los jóvenes que se encuentran en esta tercera situación de vulnerabilidad. «Ofrecemos vivienda y acompañamiento integral en el proceso de emancipación».
Ocho plazas
Entre los dos pisos abiertos en el barrio de El Ejido y en la Avenida Nocedo suman ocho plazas ocupadas en su mayoría por chicas como María (nombre ficticio) que llegó al piso en marzo tras permanecer en centros tutelados desde los 14 años. «No todos los centros son iguales, en algunos las normas son más rígidas y estás peor y en otros se está bien. Lo que peor llevaba yo es que a los niños pequeños de cuatro y cinco años se les exige que recojan los juguetes. No es lo mismo tener 17 años que 4. A mí me gustan mucho los niños y quiero ser educadora infantil para cuidarlos». María ya ha realizado cursos de peluquería, estética, defensa personal, cocina y limpieza. María es tímida y se muestra muy reservada en sus comentarios. Se está adaptando a su nueva vida y a las rutinas de una vida independiente en una vivienda compartida. «No salgo mucho, los amigos que tengo son los justos».

Los jóvenes buscan rehacer sus vidas.
En el piso tienen total independencia en los horarios y la única norma que rige en la vivienda es la no violencia y la prohibición del consumo de drogas ni alcohol.
En el piso vive también un joven de Gambia, que desde el jueves pasado dispone de los papeles, un permiso extraordinario que concede el Gobierno por ser un menor protegido. Hoy lunes comienza un curso de almacén en Cáritas y asiste a clases de castellano en horario de mañana y tarde.
Todos están en situación de desempleo y han solicitado el ingreso mínimo vital que les ayude a rehacer sus vidas, un apoyo económico que ya tiene Carla. Hasta que consigan un trabajo, Proyecto Vive les paga el alquiler de la vivienda, los gastos de alimentación o las matrículas de los cursos que realicen. «En el piso pueden estar entre cuatro meses y un año y se pueden ir cuando quieran, es un recurso voluntario que tiene como objetivo ayudarles. Firman un contrato de permanencia por el que se comprometen a que, mientras están aquí, tienen que estudiar, trabajar o estar en búsqueda activa de empleo», destaca Sofía Delgado «Nuestro papel es acompañarles, ofrecerles un referente en la toma de decisiones y en la gestión emocional y de convivencia».

En el piso reciben acompañamento.
Acompañamiento
La Gerencia de Servicios Sociales es la que se encarga de la selección de los jóvenes que se derivan al recurso. «Están priorizando que los chicos puedan asumir un proyecto independiente de emancipación, que sean personas responsables. En los centros los preparan para una vida independiente, pero todavía tienen necesidades de acompañamiento».
«Este recurso es una buena oportunidad porque hay chavales que no tienen dónde ir cuando cumplen los 18 años. A veces no quieres volver con tu familia", dicen las dos jóvenes a las que Sofía define como «responsables y resilientes». «Este recurso es para que tengan total libertad para tomar sus decisiones».