Diario de León

La reivindicación vecinal del sol en La Sobarriba

Villavente inaugura una pieza artística que homenajea al sol, representa la lucha pacífica contra las macroinstalaciones fotolvoltaicas y es lugar para reunión y concejo

Inauguración del proyecto 'Solaridades', de la arquitecta Auxi Gálvez, en Villavente de la Sobarriba, que es un espacio para uso comunal.  

Inauguración del proyecto 'Solaridades', de la arquitecta Auxi Gálvez, en Villavente de la Sobarriba, que es un espacio para uso comunal.  Ángelopez

Villavente de la Sobarriba

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Un movimiento ciudadano y vecinal se alzó ayer en La Sobarriba en torno a una pieza única que homenajea al sol, como sucesores quizá de la histórica y legendaria Hermandad de la Sobarriba, con el orgullo de ser herederos de quienes lucharon en defensa de los débiles, los pueblos contra los poderosos cabildos urbanos, con la honra de quien bregó por sus derechos y dignidad. Levantada ahora la vecindad contra otros poderosos que quieren controlar el poder del sol y ocupar espacios con plantaciones fotovoltáicas sin contemplar nada más que su beneficio.

Ayer, en Villavente de la Sobarriba se estrenó una pieza artística que es a la vez un espacio comunal, obra de la arquitecta María Auxiliadora Gálvez, proyecto de arte participativo de Narrativas Solares, impulsado por la comunidad Concomitentes y la asociación Sobarriba Espacio Natural, que es arte no sólo para sentir, también para usar, lugar de reunión donde intercambiar ideas y compartir diálogos que enriquecen, a la vieja usanza de los concejos, y que funciona además como observatorio solar y mirador para contemplar la belleza del paisaje de la estepa leonesa, a veces tan olvidada, y su vida natural.

 ‘Solaridades’ se llama la obra de Auxi Gálvez, la unión entre sol y solidaridad. Una esfera en madera, rodeada de sebe viva, que es sitio de cita nacido de la lucha contra la macroinstalación de placas solares cuyo futuro se decide en los juzgados.

Casi tres años de trabajo para diseñar y levantar una estructura de madera que deja entrar el sol por donde nace y se pone, que señala además de los puntos cardinales los equinocios y solsticios y la línea del horizonte. Y aunque la pieza no se mueve, lo hará a través del movimiento del sol a lo largo de cada día del año.

En su interior, unos bancos permiten sentarse y contemplar, o sentarse y dialogar, que esa es la esencia de esta esfera que es a la ves arte y reivindicación pacífica contra macroproyectos con verde en el nombre.

Instalada en tierra comunal, que esto es también un símbolo, servirá para hacer comunidad. Un lugar de homenaje al sol tendrá también sombra. La proyectará una cubierta de piel colectiva de diferentes especies animales y vegetales además de una tela de lino antiguo en la que vecinas de La Sobarriba tejerán palabras viejas para que no desaparezcan. Será además un lugar de cita con la naturaleza, que es aquí rica y muy desconocida. Un lugar en el que conviven desde antiguo hombres, animales y plantas.

 Para la inauguración se organizó un 'foro u oferta', que este sí quedó en tablas, y no porque así lo obligue la tradición sino porque se defendió por unanimidad la defensa del territorio. Y porque nada hay imposible, el debate fue hasta en verso.

Los organizadores homenajearon a Alfredo Escapa, mediador, creador e investigador de artes en vivo, que ha aglutinado voluntades, y a Auxi Gálvez, la arquitecta que ha plasmado en materia la esencia de una reivindicación pacífica. Una placa recuerda también el nombre de los vecinos que han contribuido a que todo sea realidad, entre ellos Justo Rodríguez Robles y Maruja Benavides Castro, del pueblo de Villavente, que trenzaron sebes, segaron y plantaron árboles.

Un paseo hasta la esfera permitió descubrir el valor natural de La Sobarriba, la manera de vivir de las cornejas, el ritmo pausado de la naturaleza o la aportación de los rosales silvestres y sus frutos, que en León llaman tapaculos y de los que se extrae el aceite de rosa mosqueta y que ayer se regalaron a los participantes en la jornada de convivencia en forma de collares de brillante color coral.

Ayer, en La Sobarriba se invocó al sol, que terminó enviando agua en forma de lluvia por primera vez en 78 días. Para que nadie olvidara, quizá, que el hombre necesita de la naturaleza. Agua que regó el solitario silvar que da sombra en la tierra del sol.

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