OBITUARIO
La aliada de los chimpancés
Jane Goodall, la mayor eminencia en el estudio de los primates, fallece a los 91 años en una gira por California

Jane Goodall en un zoo de Melbourne en 2011 con un gorila.
La primatóloga, etóloga y activista medioambiental británica Jane Goodall, reconocida como la mayor eminencia mundial en el estudio de los chimpancés y Mensajera de la Paz de la ONU, ha fallecido este miércoles a los 91 años por causas naturales mientras participaba en una gira de conferencias en California. Nacida en Londres en 1934, Goodall dedicó más de seis décadas a observar a los chimpancés en su hábitat natural, en el Parque Nacional de Gombe (Tanzania), en una de las investigaciones de campo más prolongadas jamás realizadas sobre animales en libertad.
Cuando viajó por primera vez a África para estudiar a los chimpancés tenía solo 26 años, y ninguna formación científica formal, pero aun así logró ganarse la confianza de los primates. Sus hallazgos, reconocidos con el Premio Príncipe de Asturias de 2003, revolucionaron la ciencia, demostrando que los chimpancés son capaces de fabricar y utilizar herramientas, que mantienen relaciones sociales duraderas y que participan en conflictos organizados similares a guerras primitivas. Desmontó la idea de que eran vegetarianos, al documentar comportamientos de caza y consumo de carne.
Su vocación surgió en la infancia, cuando, inspirada por un libro de Tarzán, soñó con viajar a África para estudiar a los animales. «Yo no era Tarzán, era Jane", recordó en una de sus últimas entrevistas en España, durante su paso por el programa 'La Revuelta', donde bromeó con Broncano: «Puedo hablar español, pero tú no puedes hablar chimpancé». Allí, como era tradición en sus visitas públicas, entregó un regalo: un peluche de primate dedicado y un palo, símbolo de su descubrimiento más célebre, el del uso de herramientas por los chimpancés. Su madre fue la primera en alentarla a perseguir un sueño que muchos consideraban imposible para una joven en la Inglaterra de los años cincuenta. «Me dijo que no me rindiera, que lo intentara", relató Goodall. Ese empuje la llevó en 1960, con apenas 26 años y fondos para solo seis meses, a adentrarse en la selva africana, donde al principio los chimpancés la miraban con recelo. Su paciencia y respeto consiguieron lo que nadie había logrado: que uno de ellos se acercara, abriendo la puerta a una nueva manera de entender a estos animales. «Trabajó incansablemente por nuestro planeta y todos sus habitantes, dejando un legado extraordinario para la humanidad y la naturaleza», ha recordado la ONU.