La dulce Navidad de dos conventos leoneses
El galardón de la Guía Repsol impulsa las ventas de Concepcionistas de León y Benedictinas de Sahagún

Tres monjas del convento de clausura de las MM. Concepcionistas de León en el obrador.
Las monjas benedictinas del monasterio de la Santa Cruz, de Sahagún, y las Madres Concepcionistas de León han triunfado con sus dulces navideños. El pasado 1 de diciembre estos dos conventos leoneses fueron incluidos en la guía Repsol con sendos Soletes por su repostería, entre un total de 27 en España, y la demanda de Navidad ha salido beneciada.
«Esta Navidad, gracias al reconocimiento de Repsol hemos vendido mucho amarguillos, empiñonados y los turrones se han agotado», confiesa la madre Jimena, responsable de la repostería de las Concepcionistas de León.
La variedad de turrones (yema, almendras, nueces y avellanas) de años anteriores ha aumentado con la incorporación del turrón de pistacho, que ha tenido un gran éxito. Ahora recogen encargos para el tradicional roscón de Reyes, que ofrecen sin o con relleno de trufa, nata o crema.

Tres monjas del convento de clausura de las MM. Concepcionistas de León en el obrador.
«Estamos muy agradecidas a León y a los peregrinos porque han valorado el trabajo que hacemos», dice la madre Jimena, responsable de la repostería en este monasterio leonés en el que las monjas practican el ora y labora como manda la regla de su clausura.
La tarta del Reino y las Beas, unas pastas que homenajean a su fundadora Beatriz de Silva, son algunos de los dulces más demandados en estas fechas navideñas de la amplia oferta del obrador conventual, con más de 20 pastas diferentes. «Las Beas son estrellas que se sumergen en chocolate y gustan mucho», explica.
Las 13 hermanas de esta comunidad religiosa se distribuyen entre el obrador, el empaquetado y la portería para atender las compras y pedidos. Además del Solete, otra cosa que les ha impulsado esta Navidad ha sido la obtención de la licencia nacional para la venta de su repostería. «Hasta ahora solo teníamos la local y no podíamos vender fuera de León», explica la hermana Jimena. Ahora ya podrán atender pedidos por internet.
«Estamos muy agradecidas a León y a los peregrinos porque han valorado el trabajo que hacemos»
Las Madres Concepcionistas de León cuentan con obrador desde 2021 y, poco a poco, han ido ampliando su carta de pastas y otros dulces. Se puso en marcha en tiempos de la madre María Nuri como abadesa, recuerda la juniora Jimena —un grado más que novicia— que en el mes de marzo profesará los votos definitivos como monja después de que la candidatura fuera aprobada este viernes en la votación preceptiva. La hermana Jimena es colombiano y lleva seis años en el monasterio de las Madres Concepcionistas de León.

Brindis de las benedictinas de Sahagún.
Las monjas de clausura del Monasterio de la Santa Cruz en Sahagún combinan oración y repostería artesanal en la época más intensa del año, cuando sus dulces tradicionales se convierten en protagonistas de las mesas navideñas.
En pleno esplendor de la estética conventual, la Guía Repsol dedicó parte de su nuevo listado de Soletes a la repostería de clausura, llegando a incluir hasta 27 conventos, entre ellos, el Monasterio leonés de la Santa Cruz en Sahagún. Sor Marta, encargada de las redes sociales de la congregación, explica en una entrevista a Servimedia, cómo recibieron la noticia del galardón: «Nos llamaron y nos informaron tanto de lo que era como de que nos habían seleccionado. Lo vimos tan positivo que aceptamos encantadas». Es un poco como la estrella Michelin de la repostería, «tener un sol de estos». La religiosa asegura que mucha gente las felicitó y que la noticia se difundió mucho más de lo esperado.
La repercusión del premio no tardó en notarse en el obrador. «Hubo un incremento de las ventas online muy notorio y sigue también ahora», señala Sor Marta. La distinción de la Guía Repsol ha servido para dar visibilidad a un trabajo que las monjas realizan con dedicación durante todo el año, pero que alcanza su punto álgido en los meses próximos a la Navidad.
La jornada de trabajo en el monasterio está perfectamente organizada. «La mañana entera es para hacer la repostería y la tarde más para envolver y empaquetar», explica la religiosa. Además, hay otras tareas como preparar las almendras picadas o empaquetar para distintos tipos de pedidos, lo que requiere la coordinación de toda la comunidad.
Sor Marta reconoce que estos meses de Navidad son «la etapa más dura», aunque fuera de esta temporada también se dedican a la repostería y a la elaboración de productos de cosmética natural. El resto del año, el ritmo es más pausado y pueden compaginar mejor el trabajo con el tiempo litúrgico y oración.