Edificio Lope de Vega, 12

C/ Lope de Vega, número 12.
En julio de 1967, Miguel Martín-Granizo Casado proyectó este edificio de viviendas para José Álvarez Prieto y José-Patricio Gutiérrez Díaz en un solar irregular entre medianeras en la calle Lope de Vega, cuyas obras llevó a cabo con Francisco Álvarez García como aparejador. El proyecto fue informado favorablemente por Luis Menéndez Pidal, Arquitecto Conservador de Monumentos de la Primera Zona, al considerar que «cumplía las condiciones de volumen y de estilo señaladas para la zona de respeto de la ciudad monumental donde se halla enclavado el solar en el que se pretende construir». Martín-Granizo levantó el edificio con estructura de hormigón armado y forjados cerámicos sobre cimentación de zapatas y muros de contención de hormigón en masa. Excavó un sótano parcial para «almacenes». Una planta baja con locales de negocio y, a la izquierda, un profundo portal con trasportal, caja de escalera y ascensor al fondo para subir a la entreplanta de los locales y a cinco plantas más con 20 viviendas (4 por planta: tres exteriores y una interior) encajadas entre la calle, dos patios de luces y otro posterior. Y en el ático, otro almacén interior que lógicamente acabó convertido en 2 pequeñas viviendas. Dispuso la fachada principal en dos órdenes. Basamento en dos niveles, hoy con moderno lenguaje comercial revestido de losas pétreas y otras piezas prefabricadas formalizando vanos adintelados abajo y arqueados encima, envolviendo una sencilla portada bajo escueta marquesina. El orden principal de ladrillo visto con tendel profundo y llaga a hueso en el plano de fachada, y un gran frente en voladizo con dos cuerpos laterales revestidos de gresite en dos tonos y ventanas de esquina entre terrazas protegidas por antepechos ciegos con bandas horizontales de otro material vitrificado, accesibles por grandes vanos cerrados por carpintería de acero laminado y persianas enrollables de pvc en capialzados forrados de más gresite en las terrazas laterales y madera en las centrales, ambas bajo falso techo del mismo material… Y todo tratado con sobriedad; equilibrado y bien proporcionado, conformando el típico sistema de líneas y planos ajenos a la estructura del inmueble, que parecen interrelacionarse con innegable voluntad neoplástica en búsqueda de ese anhelado equilibrio dinámico siempre presente en la obra de Miguel Martín Granizo a finales de los 60.

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