La corona británica, salpicada por la esclavitud
Un nuevo libro recién salido a la venta con el título «The Crown's Silence» (El silencio de la corona, aún no traducido al español) pone de relieve la responsabilidad de la monarquía británica para la pervivencia de la esclavitud durante siglos. La autora, Brooke Newman, es historiadora especializada en la Gran Bretaña contemporánea y su expansión hacia el Océano Atlántico, con un foco especial en el fenómeno del esclavismo y los movimientos abolicionistas. En 1807, cuando la esclavitud fue finalmente prohibida en el Imperio Británico, el país había sido el principal comprador de esclavos: había adquirido hasta 13.000 personas para que sirvieran en sus ejércitos. Pagó por ellos 900.000 libras, según revela el libro. La autora, que ha tardado diez años en investigar y escribir el volumen, ha tenido acceso a correspondencia secreta del rey Jorge IV, quien temía que en la isla de Jamaica (entonces británica) se produjera una sangrienta rebelión con la que había sacudido el vecino Haití a fines del siglo XVIII.
En una entrevista con 'The Guardian', Newman resaltó ese papel protagonista de la monarquía: «La corona pregonaba sus conexiones con el comercio transatlántico de esclavos. Ponían el sello real en esta práctica, y de manera literal en los cuerpos de las personas». «No es tanto los individuos como la la institución", señaló.