Una gasolinera en la Luna
El científico español Mateo Rejón propone extraer oxígeno del regolito y abastecer a las misiones espaciales

Imagen de las pruebas realizadas con materiales simulados de regolito en el proyecto de Mateo Rejón.
La Luna podría ser en 15 años una «gasolinera» espacial, un punto intermedio para recargar combustible y suministros clave de cara a misiones largas y, para ello, un equipo de investigadores europeos está aprendiendo a convertir el polvo lunar en oxígeno.
El científico español Mateo Rejón, que forma parte del equipo del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) ganador del concurso 'Space Resources Challenge' de la Agencia Espacial Europea (ESA) propone extraer oxígeno a partir del regolito, esa fina capa de polvo y piedra fragmentada que cubre la superficie lunar. Según detalla este investigador afincado en Bremen (Alemania), el objetivo es aprovechar los recursos disponibles en la Luna para no tener que transportar desde la Tierra los suministros necesarios para las misiones. "Ahora nos llevamos todo en la nave y es muy caro e ineficiente, pero si extraemos el oxígeno allí no tendremos que llevarnos tanto 'equipaje' y podremos usarlo para respirar, crecer plantas y crear combustible para las naves", comenta. La Luna se convertiría «como una gasolinera en el camino", lo que abre la puerta para hacer misiones más largas y complejas.
Aunque el regolito se puede utilizar para cubrir muchas de las necesidades que surjan en las misiones tanto en la Luna como en Marte, trabajar con esta sustancia plantea muchos desafíos. Rejón (Granada, 1999) cuenta que, al ser tan fino —mucho más que la arena de la playa-, se adhiere con muchísima facilidad a las superficies, lo que causa una gran abrasión en las partes mecánicas de cualquier tecnología que se envíe a la Luna, como los 'rovers' o incluso las naves espaciales. Además, los seres humanos pueden inhalar este regolito, lo que supone un riesgo para la salud de los científicos o los astronautas.
El equipo de Rejón, que forma junto a los otros 9 investigadores del DLR y del Centro de Investigación Alemán para la Inteligencia Artificial (DFKI), tiene que tener en cuenta las condiciones extremas de la Luna, donde no hay atmósfera y una parte del satélite puede estar a menos de —100 grados Celsius y, la otra, a más de 120ºC. Los científicos llevan a cabo la primera parte de la investigación en los laboratorios del DLR, ubicado en Bremen, pero posteriormente se trasladarán al 'Luna Hall' de Colonia (Alemania), una «inmensa caja de tierra lunar» utilizada por investigadores para simular la superficie de este satélite. Otra dificultad es que el regolito traído de la Luna es muy escaso.