Diez años con las 'cookies'
Las 'galletas' cambiaron la forma de navegar por internet y redefinieron la privacidad hace una década

Dos personas trabajan desde su ordenador en un espacio de coworking.
El mensaje lo inunda todo: 'Utilizamos cookies"; e invita al usuario a aceptarlas, rechazarlas o configurarlas. El Reglamento General de Protección de Datos, que cambió para siempre la forma de navegar y que redefinió el concepto de la privacidad, cumple diez años y lo hace con un amplio consenso sobre su utilidad y el reto de validar su eficacia ante el auge de la inteligencia artificial.
Pueden ser utilizadas «para mejorar tu experiencia en nuestra web"; «para mostrarte contenido útil basado en tus preferencias"; o «para obtener datos estadísticos de navegación» y a partir de ellas los sitios web saben cómo se usan, el tiempo de permanencia, las preferencias del usuario y pueden ofrecer contenidos personalizados, y aunque no todas las 'cookies' requieren un consentimiento previo sí han condicionado la forma de navegar y han transformado internet en un entorno más personalizado, rastreado y regulado.
No es la única, pero sí la parte más visible del Reglamento General de Protección de Datos, la norma de la que se dotó la UE para proteger la privacidad y los datos personales hace diez años, que compromete a cualquier entidad dentro de la UE, pero también a empresas de fuera si tratan o recopilan datos de ciudadanos europeos y fija límites muy estrictos y sanciones muy importantes.
La norma permite saber qué datos se recogen y para qué; prohíbe usarlos para fines diferentes; y limita el plazo de conservación, pero además concede a las personas el derecho a acceder a ellos, corregirlos, suprimirlos (el 'derecho al olvido'), a oponerse o a limitar su tratamiento.
Obliga a las empresas a pedir un consentimiento claro, a proteger los datos, a notificar cualquier brecha de seguridad que sufran, a nombrar (en algunos casos, según el tamaño) un 'delegado de protección de datos', y establece un régimen de sanciones que puede alcanzar, en el caso de las infracciones más graves, hasta los 20 millones de euros. Para el director de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), Lorenzo Cotino, el Reglamento «ha consolidado una cultura de responsabilidad por parte de quienes tratan datos y ha contribuido a situar el respeto a la privacidad como un elemento estructural", y frente a la fragmentación anterior ha valorado que los 27 son «mucho más fuertes de manera coordinada; más ante quienes tratan datos a una enorme escala».