Diario de León

El tesoro de 362 años de clausura en León

Una muestra de arte sacro y objetos de la vida monacal exhibe en Palat el legado de las Agustinas Recoletas en los tres conventos de su historia en la ciudad

Ana Gaitero
León

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Las Agustinas Recoletas llegaron a León una fría mañana del 13 de enero de 1663 y cerraron su último convento, el tercero, en los albores de una primavera, el 25 de marzo de 2025.

Sor Beatriz, sor Guadalupe y sor Ana María fueron las últimas habitantes del monasterio de la Encarnación, que mantuvo viva la llama del corazón de San Agustín durante 362 años de clausura en la capital leonesa.

Fue su voluntad que todos los bienes muebles quedaran en la Diócesis de León. Un legado que desde este viernes hasta el 19 de julio se acerca al público en la exposición «Memoria y gratitud 1663-2025. La Orden de las Agustinas Recoletas en León», que inauguró el obispo Luis Ángel de las Heras, en la iglesia de San Salvador de Palat del Rey.

El hilo conductor son los tres conventos que ocuparon las Agustinas Recoletas, con objetos emblemáticos de arte sacro y de la vida monacal. Desde su fundación en la casa de la calle El Cid cedida por el noble Ramiro Díaz de Laciana y Quiñones y su esposa, la exclaustración durante la primera república (1868), el paso por el Convento de Santo Domingo, con una reforma al abrirse la actual Gran Vía de San Marcos, y, finalmente, el convento de La Granja, tras un breve paso por un edificio en Padre Isla mientras se construía el nuevo monasterio abierto en 1967.

Las Agustinas Recoletas donaron a la Diócesis de León una biblioteca con más de 5.000 volúmenes, unos 300 ornamentos litúrgicos (vestiduras, casullas, manípulos...), más de 300 objetos de arte sacro, entre ellos 150 lienzos, 90 tallas escultóricas y cuatro crucifijos de marfil, y unos 30 objetos muebles como la sillería del coro.

El obispo Luis Ángel de las Heras con autoridades y organizadores de la exposición.

El obispo Luis Ángel de las Heras con autoridades y organizadores de la exposición.VIRGINIA MORÁN

La exposición es una síntesis de este legado que queda al alcance del público y que, en su totalidad, queda a disposición de los investigadores del patrimonio. «Es muy importante para el estudio del patrimonio de León pues queda a disposición de la comunidad investigadora un legado inaccesible hasta ahora porque estaba en la clausura», señala Iván González, director del Museo de la Semana Santa y comisario de la exposición.

El arte sacro y suntuario de los siglos XVII y XVIII tiene un tesoro en la herencia que las Agustinas Recoletas han dejado en León. La orden de las Agustinas Recoletas fue fundada por la madre Mariana de San José, una monja de Alba de Tormes que se inspiró en Santa Teresa y que sigue la corriente de la época de fundar comunidades pequeñas con mucha vida en común entre las hermanas.

El primer convento lo fundó en Eibar en 1603, después llegaría a Madrid, con Felipe II. Desde el convento de Valladolid se funda el de León con la madre Mariana Clemente como primera priora.

El rincón de la 'Divina Guardería', una colección de figuras del Niño Jesús con sus vestidos hechos por las monjas.

El rincón de la 'Divina Guardería', una colección de figuras del Niño Jesús con sus vestidos hechos por las monjas.VIRGINIA MORÁN

Las figuras de San Agustín y Santa Mónica, su madre, dan paso a un cuadro de la Santísima Trinidad con una trinidad celeste y otra terrenal, en la que destaca la figura de San José con el niño en su regazo. «Es un cuadro de gran interés que pertenece al círculo del Diego Valentín Díaz, uno de los pintores más reconocidos del momento», posiblemente por influencia del convento de Valladolid. Su sucesor, Tomás Peñasco, es el autor del retablo del convento de la Encarnación, que no está expuesto por sus grandes dimensiones.

Una Virgen de la Vega de la Vega de Salamanca, posiblemente de una dote, antecede a uno de los cuadros más interesantes de la exposición, por su iconografía. «Los siete arcángeles» está en la línea de las religiones abránicas que, siguiendo el libro de Dot, contemplan siete y no tres arcángeles como señala la liturgia católica.

Una inmaculada que sigue los postulados de Gregorio Fernánmdez, el sagrario del último convento, platería como una naveta, un incensario y una cruz que se atribuyen a la donación original de Ramiro Díaz de Laciana y Quiñones.

Orfebrería sacra.

Orfebrería sacra.VIRGINIA MORÁN

Un rincón muy atractivo es el dedicado a la colección del Niño Jesús con sus vestimentas confeccionadas por las monjas, al estilo de «la divina guardería». El culto a la figura del Niño Jesús es una tradición de la época barroca en los conventos de clausura femeninos. «Prácticamente, cada monja que ingresaba en un convento, aparte de su dote, llevaba un Niño Jesús. Era más que un objeto artístico: era casi una presencia física de Cristo», apunta Iván González. Y las monjas establecían una relación especial, con la confección de sus cuidados vestidos.

Los retratos de Santa Clara y Santa Rita, que tanto inspiraron a las monjas del barroco, sagradas familias, natividad, el Niño entronizado... un Cristo de Víctor de los Ríos del convento de La Granja, y un curioso retrato de Santo Domingo de Guzmán —posiblemente original del convento que ocuparon las Recoletas— con la portada sur de la Catedral del barroco como fondo junyo a efectos de la vida monacal y una muestra de libros cierran la exposición. Las visitas cuestan 2 euros, 5 las guiadas (info@mdyss.es).

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