Reímos igual que los simios
El ritmo básico se ha mantenido común 15 millones de años, aunque sólo la risa humana es controlable

Foto de archivo sobre un proyecto para reírse en el trabajo como desestresante.
El último antepasado común de todos los grandes simios vivos, incluidos los humanos, se estima que existió hace unos 15 millones de años. Ese es, como poco, el tiempo que llevamos compartiendo con ellos el mismo ritmo de risa, un conocimiento que puede dar pistas sobre cómo evolucionó el lenguaje. Todos los grandes simios vivos, como bonobos, gorilas y orangutanes tienen la capacidad de reír, pero hasta ahora no se había analizado cómo podía haber cambiado la risa humana a lo largo de millones de años de evolución ni su posible relación con el lenguaje.
Un nuevo estudio encabezado por la Universidad de Warwick (Reino Unido) analizó grabaciones de risas de cuatro orangutanes, tres bonobos, cuatro chimpancés y cuatro seres humanos de entre seis meses y siete años de edad, para medir las secuencias individuales.
Todos fueron grabados en sus entornos naturales durante interacciones lúdicas y controladas con personas conocidas, quienes provocaban vocalizaciones, tanto durante el juego como al hacerles cosquillas.
El estudio, que publica Communications Biology, se centró en la estructura rítmica, es decir, en los intervalos de tiempo entre ráfagas sucesivas de sonido, más que en el tono o la intensidad.
En todas esas secuencias se encontró el mismo patrón: todas las especies producen la risa con intervalos rítmicos espaciados de manera uniforme entre los sonidos sucesivos. Los investigadores proponen que esta estructura rítmica básica ya estaba presente en un antepasado común hace 15 millones de años y se ha conservado de forma notable, ya que todos los grandes simios vivos siguen mostrando el mismo patrón subyacente.
La risa se han convertido en una pista inesperada para intentar entender cómo los seres humanos desarrollaron la capacidad de hablar, según la investigadora Chiara de Gregorio, de la Universidad de Warwick.
Aunque el ritmo básico de la risa de humanos y grandes simios se mantuvo constante, la humana se ha vuelto más rápida, más variable y ha adquirido un sofisticado control dependiente del contexto. De hecho, solo los seres humanos tienen la capacidad de controlar cuándo y cómo se ríen en función del contexto: una risa incontrolable cuando les hacen cosquillas difiere notablemente de una risa cortés en una reunión, una risa nerviosa tras cometer un error o la risa contagiosa que se propaga entre un grupo de amigos.