«El aire acondicionado no basta»: la arquitecta Lourdes Treviño revela por qué tu casa es un horno en verano
La arquitecta y Passivhaus Designer Lourdes Treviño explica por qué miles de viviendas españolas acumulan calor durante las olas de calor y cómo la rehabilitación energética puede convertirlas de nuevo en un refugio

Muchos edificios construidos antes de las actuales exigencias de eficiencia energética actúan como auténticas "cárceles térmicas", reteniendo el calor durante el día y liberándolo lentamente por la noche.
«Cuando la envolvente no funciona, la casa no protege: encierra el calor». Con esta afirmación, la arquitecta y Passivhaus Designer Lourdes Treviño, fundadora de Freehand Arquitectura, resume uno de los grandes problemas que afrontan miles de viviendas españolas cada verano. Mientras las olas de calor baten récords de temperatura, muchas casas dejan de ser un refugio para convertirse en auténticas "cárceles térmicas", edificios que absorben calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche, impidiendo el descanso y disparando el consumo energético.
España cuenta con un parque residencial envejecido. Una parte muy importante de las viviendas fue construida antes de que existieran criterios de aislamiento térmico tan exigentes como los actuales. El resultado es que numerosos edificios presentan cubiertas mal aisladas, fachadas con importantes pérdidas energéticas, puentes térmicos y ventanas poco eficientes.
Durante una ola de calor, estas deficiencias provocan que el edificio acumule la radiación solar durante horas y continúe desprendiendo ese calor cuando el exterior comienza a refrescar. Precisamente en ese momento, cuando el organismo necesita reducir su temperatura para descansar, la vivienda mantiene un ambiente sofocante.
«El problema es que seguimos pensando en la vivienda como refugio, pero muchos edificios antiguos han dejado de serlo en episodios de calor extremo», explica Lourdes Treviño.
Lourdes Treviño desmonta el mito de que el aire acondicionado soluciona el problema
Ante temperaturas extremas, la respuesta más habitual suele ser encender el aire acondicionado. Sin embargo, para la especialista, esta solución solo alivia los síntomas sin resolver el origen del problema.
Cuando la envolvente del edificio presenta deficiencias, el frío generado por los equipos de climatización se pierde rápidamente, obligando a que funcionen durante más tiempo y consuman mucha más energía. Esto incrementa la factura eléctrica y agrava una realidad cada vez más evidente: la desigualdad energética.
«La solución no puede ser meter más máquinas en edificios que pierden frío y acumulan calor», señala Treviño. «Primero hay que reducir la demanda energética. Después, climatizar mejor».
Uno de los elementos más olvidados en muchos edificios es la cubierta. Aunque recibe gran parte de la radiación solar durante todo el día, históricamente se ha tratado únicamente como una superficie destinada a impermeabilizar el edificio o albergar instalaciones.
Sin embargo, una cubierta correctamente aislada, e incluso una cubierta vegetal cuando las condiciones lo permiten, actúa como un importante amortiguador térmico, reduciendo el sobrecalentamiento del inmueble durante el verano y mejorando su comportamiento energético durante todo el año.
«La cubierta es la quinta fachada. Y en muchos edificios es la primera que habría que mirar», afirma la arquitecta.
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La 'cárcel térmica' también afecta a la salud y al valor de la vivienda
Las noches tropicales o tórridas representan uno de los mayores riesgos asociados a las olas de calor. Si la vivienda mantiene temperaturas elevadas durante toda la noche, el organismo no consigue recuperarse adecuadamente, aumentando la vulnerabilidad de personas mayores, niños, pacientes con enfermedades previas y hogares con menos recursos económicos.
Por ello, la rehabilitación energética deja de ser una simple mejora estética para convertirse en una cuestión de bienestar y salud pública.
Además, el impacto también alcanza al mercado inmobiliario. Los inmuebles con peor comportamiento térmico resultan cada vez menos atractivos para compradores e inversores debido al incremento del coste energético y al endurecimiento de las exigencias medioambientales.
«Durante años se pensó que rehabilitar bajo el estándar EnerPHit era gastar. Hoy empieza a verse lo contrario: no rehabilitar también tiene un coste, y cada vez es más visible», sostiene Treviño.
Esperar a que aparezcan humedades, sobrecalentamiento, quejas vecinales o facturas desorbitadas suele encarecer cualquier actuación posterior. Para Freehand Arquitectura, la rehabilitación debe plantearse desde una estrategia preventiva capaz de adaptar los edificios al clima actual y al que llegará durante las próximas décadas.
La arquitecta concluye que buena parte del parque residencial español fue construido para unas condiciones climáticas y energéticas muy diferentes a las actuales. Hoy, el desafío consiste en devolver a la vivienda su función esencial: proteger a quienes viven en ella frente a fenómenos cada vez más extremos.
«La vivienda del siglo XX necesita respuestas del siglo XXI». Y esas respuestas pasan, según Lourdes Treviño, por convertir edificios ineficientes en hogares confortables, sostenibles y preparados para afrontar un futuro marcado por el aumento de las temperaturas.