El conejo ibérico, una nueva especie que también se refugia en León
Un estudio internacional determina las radicales diferencias del ‘Oryctolagus algirus’ con el conejo europeo, cuya línea divisoria atraviesa la provincia leonesa

El conejo ibérico, que también habita en León, ha sido reconocido como una nueva especie por un estudio internacional.
El conejo ibérico alcanza la categoría de especie. Es más pequeño, es menos adaptable a ambientes humanizados, causa menos daños e incluso su carne es diferente al conejo europeo.
Todo empezó hace dos millones de años, cuando dos poblaciones de conejos quedaron aisladas en dos refugios glaciares situados en extremos opuestos de la Península Ibérica: el Golfo de Cádiz y el Valle del Ebro.
Los conejos ibéricos, ahora reconocidos como especie, se fueron expandiendo por el oeste de la península hacia el norte. Los romanos los introdujeron en Argelia, de donde viene su nombre científico de Oryctolagus algirus. Y ahora se distribuye de forma natural por todo el territorio portugués y el oeste español.
El conejo europeo (Oryctolagus cuniculus), también originario de la península, se encuentra en el este español y como introducido en casi toda Europa, Oceanía, Argentina, Chile y numerosas islas oceánicas.
León está atravesada por la línea divisoria de los dos territorios habitados por ambas especies. El Bierzo y Cabrera son las zonas donde se resguardaría la nueva especie. «No me atrevería a asegurarlo pues no tenemos datos tan finos, pero es más que probable que sea asi», asegura Rafael Villafuerte, científico del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA) del CSIC.
Salamanca y Extremadura son áreas donde la presencia del conejo ibérico está clara. Así la zona de contacto atraviesa de noroeste a sureste de la Península. «Es una zona de hibridación, pero también una barrera», aclara el científico.
Hace cuarenta años, Villafuerte empezó a sospechar de las enormes diferencias que separan al conejo ibérico del conejo europeo en Doñana. «No era conejos cooperativos», entre otras cosas.

Tras más de cuatro décadas de investigación, un estudio que firma junto a Miguel Delibes-Mateos, ambos investigadores del grupo Tramas del IESA-CSIC, concluyen en un estudio que la que se creía una subespecie del conejo europeo tiene rasgos propios y diferenciados.
El nuevo estudio revela que la Península Ibérica alberga dos especies de conejo y no una como se pensaba hasta ahora. El hallazgo lo ha recogido el artículo When taxonomy lags behind evolution: Conservation implications of cryptic diversity in the Iberian rabbit, publicado recientemente en la revista Biological Conservation, por personal científico del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC).
La investigación internacional cuenta con la participación de expertos de diversas instituciones de España, Portugal y Reino Unido y analiza las diferencias entre ambas especies de forma concluyente. «Hemos tenido la fortuna de contar con algunos de los investigadores que más han contribuido al conocimiento de esta especie durante las últimas décadas», precisa Rafael Villafuerte.

Rafael Villafuerte (d) y Miguel Delibes-Mateos, científicos del IESA-CSIC
Los científicos subrayan que reconocer esta diversidad «no implica cambiar la realidad, sino comprenderla y describirla con mayor precisión». Según Villafuerte, «las dos especies siempre han estado ahí, pero lo que ha cambiado es nuestro conocimiento sobre ellas», al indicar que este nuevo conocimiento permitirá «reinterpretar mejor numerosos resultados obtenidos en el pasado y diseñar estrategias de gestión y conservación más eficaces para cada una de las dos especies».
Las investigaciones muestran las diferencias entre ambas especies, en genética, morfología, ecología, reproducción y comportamiento y estado de las poblaciones.
El conejo ibérico presenta menor tamaño y peso que el conejo europeo, y de media, produce camadas menos numerosas. Las diferencias también se extienden a la trayectoria de crecimiento, comunidades de parásitos, composición del microbioma intestinal o incluso, las propiedades de la carne.
El conejo ibérico experimenta un acusado declive, frente al europeo con poblaciones estables e incluso en ascenso
El estudio recuerda que, a pesar de que ambos son muy parecidos a simple vista y durante más de un siglo se han tratado como una única especie, la evidencia científica demuestra que su historia evolutiva, biología y situación de conservación son diferentes. Actualmente, ambas especies mantienen distribuciones separadas en la península.
Los autores del artículo plantean que reconocer esta diversidad es fundamental para comprender mejor la realidad del conejo ibérico y mejorar su conservación. «Ambos conejos constituyen una pieza clave de los ecosistemas mediterráneos y son la presa principal de hasta 40 especies de depredadores emblemáticos como el lince ibérico», explican.
Sin embargo, mientras el conejo europeo mantiene poblaciones estables e incluso crecientes en determinadas zonas, el conejo ibérico experimenta un acusado declive en gran parte de su población.
Evaluar y gestionar ambas especies como si fueran una sola, como se ha hecho hasta ahora, puede ocultar la situación real de la más amenazada y dificultar la adopción de medidas de conservación específicas.
«No podemos seguir gestionando como una sola especie dos conejos que han evolucionado por separado durante casi dos millones de años», explica el investigador del IESA-CSIC, Miguel Delibes-Mateos.
Los científicos alientan a que el reconocimiento como especies distintas mejore el seguimiento, las evaluaciones de conservación, las translocaciones, la planificación cinegética y las estrategias de recuperación y evitar extrapolar resultados de una especie a la otra.
Es crucial para el conejo ibérico «adelantar algo más hacia el verano el periodo de caza»
Castilla y León, que cuenta con las dos especies en su territorio, debería «tomar iniciativas para identificar mejor la zona de distribución y clarificar su gestión para ayudar a las dos especies y a la conservación de la naturaleza», añade.
Gestionar con la ciencia
Un aspecto crucial para el conejo ibérico es adelantar algo más hacia el verano el periodo de caza, que se inicia el 12 de octubre, coincidiendo con el periodo de mínimos poblacionales de esta especie.
«Desde hace tiempo consideramos que esa fecha de inicio de la caza no es la ideal si pretendemos incrementar o mantener las poblaciones de conejos», apunta Villafuerte.
Repensar los periodos de caza con los avances científicos es decisivo, pues el actual está marcado desde 1903, época en la que no había mixomatosis ni enfermedad hemorrágica de los conejos.
También se espera que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) tome nota para alertar sobre el declive del conejo ibérico. «Tener una especie ‘escondida’ puede contribuir más a su declive», zanja el científico.