El paisanaje
Colombo en los pactos
Hay una gran escandalera en Madrid porque dos diputados autonómicos del PSOE han hecho mutis por el foro dejando a su partido como vulgarmente se dice «con el culo al aire». Situación siempre incómoda, aunque en este caso más: los socialistas madrileños, que tenían 47 escaños en su parlamento regional, habían echado las cuentas con sus colegas de IU, que eran 9, y sacado la conclusión de que, sumando peras con manzanas, tenían uno más que el PP, el cual, aunque era la lista más votada, sólo sumaba 55. En consecuencia pactaron un gobierno de coalición, repartieron la tarta _vivienda, sanidad y educación para los comunistas y todo lo demás para los socialistas_ y se las prometieron muy felices para los próximos cuatro años. Hasta que Eduardo Tamayo e Isabel Saez, que así se llaman los diputados desertores, le dieron la vuelta a la tortilla escaqueándose de la primera votación y dejando que fuera el PP el que se quedara con la mayoría, otra vez por un escaño. Y, a partir de ahí, se montó el follón. Todo el mundo se pregunta el por qué con grandes aspavientos, menos la Guardia Civil, que seguramente sería la más idónea para investigar el caso, dado que a lo peor termina dentro de sus competencias de perseguir al delincuente y proteger a los ciudadanos de bien. O el teniente Colombo. Se recomienda a los partidos que presenten denuncia en la comisaría de Los Angeles (los de San Rafael de Madrid no, los de Falcon Crest). Tras un somero y bizco vistazo al lugar del crimen, o sea del pacto el perspicaz detective de la gabardina con cuarenta grados a la sombra ya hubiera encontrado pistas a barullo, Hé aquí algunas. «Ya es mucha casualidad», le diría a Zapatero, «que haya exactamente dos tránsfugas, porque se necesitan dos, y no uno, para cambiar el resultado de la votación». Y luego a Aznar: «no le acuso a usted de nada, pero quien lo haya hecho sabía lo que se traía entre manos, porque comprar a tres o cuatro políticos hubiera salido por un pico, al precio que está el kilo de diputado». En cuanto a las pistas, deben descartarse las más facilonas, es decir las del voto en conciencia, y centrarse en el rastro del dinero, que deja huellas por todas partes: un viaje al Caribe, un mercedes, el chalet sin hipoteca, números rojos en la cuenta corriente que luego salen milagrosamente en negro, etcétera. Eso ya se verá a su debido tiempo. ¿Sospechosos? Además de los ya citados Eduardo y Teresa, se descarta, aunque sin que sirva de precedente, a Zapatero. Una posibilidad nada desdeñable es que alguien del PP haya comprado directamente a los dos tránsfugas que todavía no han ido a ninguna parte, cuestión de darle tiempo al tiempo. O que el maletín haya salido de algún constructor o intermediario del alfoz de Madrid, que es como el de León pero con negocios inmobiliarios todavía más bestias. Y no debe descartarse, por último, una tercera posibilidad: que el Tamayo y la Saez pensaran instalarse por su cuenta y luego se quedaran sin chollo porque había que dárselo en los pactos al socio correspondiente de IU, lo que explicaría sobradamente el caso. O las tres cosas a la vez. Algunos que presumen de conocer a fondo el partido aseguran que ahí está la madre del cordero, porque para comprar licencias de urbanismo lo más seguro es pagar directamente al presidente en vez de a un par de «mataos» que están en la cuarta escala del escalafón y, por mucho que les pagues, tienen que repartir con el inmediado superior o darle cuentas por el conducto reglamentario. De cualquier forma sorprende la bronca que se ha montado en Madrid cuando aquí mismo en León, La Bañeza, Boñar, Astorga, Villablino o Cacabelos, por citar sólo media docena de Ayuntamientos, no se sabía hasta ayer quién iba a pactar con quien el sillón de alcalde y, menos aún, a cambio de qué. Esto último quizá no se sepa nunca. Lo cual significa que no pintamos nada por ahí fuera. Que se recuerde, el único escándalo local que en su día acaparó el interés de las televisiones fue el «caso Nevenka», que cualquier constructor medianamente avispado hubiera resuelto poniéndoles a los pobrines políticos leoneses un apartamento, un nido de amor o un picadero, a elegir. Con lo que ha llovido en los pactos poselectorales de la provincia y lo que probablemente queda por caer en forma de mociones de censura de aquí a un año o dos el teniente Colombo hubiera amortizado unas cuantas gabardinas. Y el coche de tercera mano. Eso si no lo corrompían antes ofreciéndole un «audi» descapotable, a juego con cualquier clima político, tanto si escampa como si no. En fin, que lo de Madrid ha estado muy mal y huele que atufa. Pero lo dicho. ¿Qué hay de lo nuestro? En Madrid están de suerte al pillar a dos políticos corruptos, aunque todavía no se sabe lo que han cobrado Aquí no han cogido todavía a ninguno en los pactos y, por supuesto, nunca se sabrá lo que van a cobrar