Publicado por
Antonio Núñez
León

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REPASANDO A LA vuelta de las vacaciones las noticias que julio dejó atrás quienes ya hemos gastado la paga extra volvemos a la rutina diaria constatando que la vida sigue igual, salvo dos novedades de relativo alcance: primera, que por fin ha dejado de llover en León y, segunda, que el ministro Rodrigo Rato ha sacado «cum laude» el doctorado en Ciencias Económicas. Lo del clima, que es lo que más interesaba a la gente, se daba por hecho y seguramente por eso y porque no depende del Gobierno apenas ha destacado en los periódicos. En cambio el asunto Rato ha salido en todos los telediarios, tal vez porque los redactores jefes han valorado muy cuerda y unánimemente la excepcionalidad de que un ministro sepa de lo suyo. Cada día se ven cosas más raras. De todas formas no les conviene a los que ahora marchan a veranear en agosto fiarse ni de los anticiclones ni de las cuentas del ministro, sólo porque cuatro catedráticos hayan firmado que domina la regla de tres. Soltura no le falta, empezando por presentarse a los exámenes en coche oficial, cuestión que, cuando uno ya se quemaba los morros en la universidad, era signo, si no de sabiduría, sí de superdotado, predisponiendo favorablemente al tribunal, cuando no acojonándolo, con perdón. Salvando las distancias, ha podido pasar algo parecido a lo del doctor Martínez Bordiú, marqués de Villaverde y yerno de Franco, grandes eminencias ambos que cortaban por lo sano, cada uno en lo suyo. O sea, el tío de Pocholo, para que se aclaren las nuevas generaciones. En cuanto a la tesis doctoral de Don Rodrigo, que consta según dijo en su día la tele, de cuatrocientos folios, nada menos, trataba de explicar cómo el Gobierno de Aznar ha conseguido, gracias al aventajado alumno, recaudar más para Hacienda rebajando, a la vez los impuestos. La cuadratura del círculo, consistente, según su teoría, en que si muchos trabajan y pagan poco Hacienda cobrará más. Y, hombre, menos lobos. Si bien es cierto que en la declaración de la renta todo el mundo paga menos y en especial los ricos, no es menos verdad que se han disparado los impuestos sobre el tabaco, el orujo y la gasolina, todo ello sin contar con el famoso redondeo del euro, que más parece una espiral. Eso sí, el Gobierno recomienda usar el transporte público, avisa que en las cajetillas de Ducados que fumar mata -en las vitolas de los puros Montecristo no dice nada- y proliferan las campañas institucionales conta el botellón. El pueblo debería estar agradecido de tamaña lucha contra el vicio, que, encima, hace rebosar las arcas de Hacienda. «Se ve que el país no tiene remedio», dice el hijo pequeño de mi vecino cada vez que lía un porro libre de impuestos. Vicios menores, en todo caso. Lo malo son las nuevas generaciones que sientan la cabeza y se quitan de fumar papel, de las bebidas espirituosas y de trucar el tubo de escape de la vespino. Entonces suelen apuntarse a un piso pagadero en cómodos plazos, pongamos que a treinta años vista. En cuyo caso Rato los abrasa con «ivas» descomunales sobre precios del suelo y de la vivienda no menos bestias. Algunos llegarán con salud a viejos y acabarán de pagar la hipoteca, pero Chanquete y Curro Jiménez vivían mejor con lo puesto. La tercera noticia que uno echa de menos, a parte de lo de Eta y Tamayo el de la Asamblea de Madrid, que están muy vistos y lo que queda, es, por la banda de los partidos de la oposició una caravana humanitaria de la izquierda para ayudar a Irak, aprovechando que allí Rodrigo Rato no tiene jurisdicción. Por ejemplo, destinar el dichoso 0,7% del Presupuesto a los quince o veinte dobles de Sadam Husein, que, después de hacerse la cirugía estética para parecerse al líder, hoy andarán pidiendo créditos para financiar otra operación, pero al revés. Aunque tampoco sería necesario ir tan lejos: para caraduras, los de la asamblea de Madrid. Es lo que uno piensa cada vez que acaban las vacaciones. Entre la política fiscal del doctor Rato y la estrategia internacional de Zapatero lo más prudente es rezar a la Virgen, cada cual a la que tenga más a mano. Y, visto el panorama, servidor se acercó el otro día a Castrotierra de la Valduerna, donde hay una que manda el agua cuando más falta hace, según es fama por los pendones de los pueblos que allí van de romería, si bien las más de las veces llueve a destiempo. Y le pedí yo, como en el chiste del deshauciado que fue a Lourdes, con permiso del señor obispo: «Si éste es Rato, que llegó a ministro de Economía antes de acabar la carrera, y éste otro un tal Zapatero, el que está en guerra con Bush sin nisiquiera haber hecho la mili, lo mejor es que yo me quede como estoy». Amén.

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