La epidemia del siglo XXI
La incidencia de diabetes en el mundo se multiplicará casi por tres en apenas dos décadas. De los actuales 155 millones de enfermos contabilizados al arrancar el año 2000 se pasará a unos 333, un 110% más, en el 2025. Y de ellos, el 80% no estará bajo tratamiento alguno. Incluso desconocerá que tiene unos niveles de glucosa que está acabando con su vida. Las consecuencias de la diabetes motivan que sea ya la cuarta causa de mortalidad en los países desarrollados. Un ejemplo: en Estados Unidos es la causante de cegueras en personas que nacen con una vista correcta. Y en Europa hasta un 90% de los infartos de miocardio están relacionados con esta incidencia. Esos números, y la consiguiente alerta, los han aportado informes europeos y japoneses revelados por médicos e investigadores de la Federación Internacional de Diabetes (IDF, en sus siglas en inglés) durante un encuentro en París que se desarrolla toda esta semana. «Se puede decir que estamos ante epidemia del siglo XXI en occidente», advierte el holandés Win Wientjens, presidente de la IDF. Las causas hay que buscarlas en el ritmo de vida occidental que premia las comidas con grasas saturadas, en el que no se fomenta el ejercicio físico y con una esperanza de vida más alta y que incrementa, en la misma proporción, el número de enfermos de diabetes a una edad tardía. Son estos los afectados por la diabetes tipo dos, los que no nacen con problemas de glucosa (tipo uno) sino que los desarrollan tarde, especialmente a partir de los 30 años, como explica el profesor inglés David Owens. El 90% de los enfermos pertenecen, precisamente, a esta categoría, los que generan insulina pero no la suficiente para que el cuerpo funcione correctamente. «Ahora estamos a un ritmo de tres millones de nuevos enfermos al año, y pronto lo aceleraremos hasta los cinco», apunta el doctor. Las estimaciones de los mismos estudios revelan que en algunos países occidentales el tratamiento para estos pacientes llega a doblar el gasto medio por enfermo. Esa incidencia es más acusada en estados como Bélgica o Alemania. Tratamientos ¿Cuándo se debe administrar la insulina? Para los pacientes tipo uno, los diabéticos de nacimiento (el 10% del total), la respuesta está clara: en cuanto se detecta. Para el 90% restante, que tiene problemas de glucosa a lo largo de su vida, la duda persiste entre los expertos. «La insulina se está administrando tarde, diez años después de que se dectectan unos niveles de hemoglobina por encima del 7%», explica la profesora de la Universidad de Helsinki Hannele Yki-Jarvinen. Ese guarismo, el 7%, es el que ha tomado la comunidad internacional como indicador, no un diagnóstico de-finitivo, de que esa persona tiene problemas de diabetes. Varios de los ponentes especializados coinciden con esa apreciación. Los problemas para administrar la insulina ,un producto que acaba de cumplir 80 años de historia, radican en que los propios pacientes son reacios a emplearla. Se asocia directamente a tratamiento cró-nico, irreversible. Y la propia administración, por pinchazo, echa a muchos enfermos atrás. A esa conjunción de factores negativos se añade que la insulina convenional empleada hasta ahora no garantiza la desaparición de episodios de hipoglucemia (taquicardias, sudores, perdida de vista), el temor de los diabéticos. Nuevo fármaco Ahora la famacéutica Aventis ha presentado un nuevo producto, una insulina glargina, Lantus, como nombre comercial, cuya acción retardada imita al páncreas en la secreción de esta molécula. Y lo hace durante 24 horas, por lo que sólo es necesario un pinchazo, combinado con fármacos orales. Llegará a España en otoño. Los médicos advierten de que no exiten diabetes «buena» o «mala» aunque algunos médicos así lo afirmen.