El cambio climático ya está aquí

Los termómetros marcaron temperaturas insólitas este verano. En la imagen, una calle de Orense
Si este verano ha trascurrido en Europa bajo un sol de justicia, el año pasado el viejo continente pasaba la temporada estival con el agua al cuello. Una y otra circunstancia, consideradas de manera aislada, podrían ser una simple consecuencia del caprichoso clima, pero lo cierto es que los fenómenos meteorológicos extremos se suceden cada vez con mayor frecuencia e intensidad. Esta tendencia indica, en opinión de los científicos, que el cambio climático ya esta aquí. Se trata de un proceso irreversible del que, sin embargo, estamos a tiempo de prevenir muchas de sus más terribles consecuencias. El último verano ha sido el más cálido de los últimos dos mil años, según se desprende de un exhaustivo estudio realizado sobre los anillos de árboles milenarios y núcleos de hielo de Groenlandia y la Antartida. En los meses de julio y agosto se han registrado temperaturas que, en las previsiones del John Schellnhuber del Centro Tyndall de Gran Bretaña, se esperaban para dentro de 20 o 30 años. Hasta hace poco la comunidad científica no se ponía de acuerdo a la hora de determinar las causas del calentamiento del planeta. Hoy, sin embargo, son muy pocos los que se oponen a las tesis que recoge el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) en las que se establece una relación directa entre el cambio climático y las emisiones de C02 producidas por la quema de combustibles fósiles. Hablamos de un fenómeno global que se hace sentir en todas las latitudes del planeta. Sin ir más lejos, en España ya se pueden observar algunos de sus consecuencias. El aumento de la temperatura esta provocando que cada año se adelante más la llegada de la primavera y el otoño. La organización ecologista WWF/ADENA ha sido testigo de estos 'desajustes estacionales' en el Parque Nacional de Cabañeros (Ciudad Real), donde los quejigos perdieron este año sus hojas en agosto, entre 6 y 8 semanas antes de lo habitual. Greenpeace advierte que también se están produciendo episodios de floración prematura en otros puntos del país y apunta otro de los efectos visibles del cambio climático: el movimiento de especies a latitudes diferentes. En Sierra Nevada, científicos de la Universidad de Granada, han descubierto que el pino albar, que crece entre los 1.600 y los 2.500 metros de altitud, se ha visto afectado por plagas de procesionaria, una oruga que vive normalmente entre los 800 y los 1.500 metros. Propagación de enfermedades Son sucesos anómalos, quizás todavía anecdóticos, pero que son un síntoma de lo que se avecina. En el horizonte aparece en lugar destacado el problema del agua. Si el líquido elemento, hoy por hoy, ya nos trae de cabeza, WWF/ADENA anuncia para el año 2040 un aumento de las temperaturas medias de entre 2 y 4 grados y una reducción de las precipitaciones de hasta un 30%. Para el responsable de cambio climático de Greenpeace, José Luis García la escasez de recursos hídricos supondrá además una amenaza para la agricultura y también para la industria turística. La subida del nivel del mar, a consecuencia del deshielo de los casquetes polares, podría anegar gran parte de nuestro litoral y acabar con nuestro principal reclamo turístico: las playas. Así mismo, con unas temperaturas extremadamente altas, cabe esperar que el turismo de sol y playa se desplace hacia otras latitudes. Según la agencia sueca de medio ambiente, de continuar con la tendencia actual, ciudades como Londres o Moscú gozarán en futuro de la temperatura media que hoy tiene Madrid. En estas circunstancias, existe también un mayor riesgo de propagación de enfermedades infecciosas. La malaria o el dengue requieren determinadas condiciones de temperatura y humedad para vivir. España, como recuerda Mar Asunción, experta de WWF/ADENA, está en la frontera de las enfermedades tropicales, y no hay que olvidar que en nuestro país había malaria hasta la década de los 50 y, en la actualidad, se han detectado casos de cólera en el Estrecho de Gibraltar. Todo ello sin perder de vista otros riesgos para la salud, como la proliferación de afecciones respiratorias por la contaminación atmosférica. Evitar que este panorama sombrío sea una realidad en el futuro, exige una respuesta urgente. Así lo demandan las organizaciones ecologistas que señalan que España, en la medida en que verá gravemente afectado por el cambio climático, debería ser uno de los más comprometidos en el proceso mundial de reducción de emisiones causantes del cambio climático. En este sentido, España consiguió durante su última presidencia europea que la UE ratificara el Protocolo de Kioto, por el que los socios comunitarios se comprometieron a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero un 5% por debajo de las que tenían en 1990. El gobierno constituyó en 2002 el Consejo nacional del Clima que, con el concurso de instituciones, empresas y organizaciones ecologistas, debería activar una estrategia de cumplimiento con estos compromisos internacionales.