CRÉMER CONTRA CRÉMER
Los marcianos contraatacan
NATURALMENTE lo de que los marcianos contraatacan, es una licencia, absolutamente literaria, por la cual espero ser perdonado, como yo perdono a mis amigos. Pero quisiera explicar que el título y aún la letra y la música de este comentario en voz alta, me vino cuando andaba yo respigando por el periódico del día, buscando la pista de la actualidad. Estaba abrumado por la acumulación de textos envejecidos mediante los cuales se me había intentado convencer todavía no sé de qué, a fuerza de repetirme nombres como los del lendakari o como los del candidato a presidente o como los ilustres miembros del club de cerebros de la oposición. Y me parecía que parecía que ya había sonado la hora de abandonar estos temas, aptos para tertulias de listos de la parroquia y eruditas femeninas a la violeta. Porque en las inmediaciones de cada uno de nosotros sucedían hechos, sucesos y hasta asesinatos u homicidios, todo a sangre más o menos fría, sin que al parecer se intentara por parte de nuestros legisladores o representantes encontrar los medios adecuados para su corregimiento. Seguíamos con lo de Villalar y con la derrota del Real Madrid, como motivos de incuestionable urgencia. Y si desde algún púlpito se sugería la necesidad de rogar al Santo más influyente que le eche una mano al Santo Padre de Roma que se nos va en un suspiro, muchos fieles parpadean para exclamar: «El Papa, sí, pero coña ¿Qué me dice usted de Amilivia y de Francisco Fernández y del Plan General de Ordenación Urbana...? Y nadie dice nada porque de lo que están enterados es de los planteamientos de lo de El gran Hermano o del anuncio de la reapertura del sainete Operación Triunfo . La sociedad, me replica la vecina, se siente totalmente integrada con las vicisitudes, aventurillas y glosas eróticas que le pueda deparar la pequeñísima pantalla y le importan menos, las diatribas directas o indirectas que se lancen alcaldes y ex-alcaldes. Las lanzadas al costado de estos agónicos personajes son de muerte: «Nadie discute que el señor Fernández sea el alcalde de León -dice un agudo portavoz- aunque haya perdido las elecciones», lo que en buena doctrina política viene a querer decir: «No quisiera que te vistieras pero ahí tienes la ropa». Coña la respuesta tampoco está exenta de vitriola cuando deja escrito, lo de la Fundación de las Cortes de León y se adelanta que para alcanzar tan deseado fin «Sería interesante pedir las sugerencias previas a las instituciones que seguramente formarán parte del Futuro Patronato de la Fundación leonesa». A lo que el buen vecino, alarmado replica: «¡leches, señores de la sala, más patronatos, no, que la final son los abogados que en este pleito se quedarán con la vaca». Y es lo que me repite la vecina desde su terraza: «Oiga, señor usted: ¿Y no sería mucho más decente y provechoso para la mayor gloria de la ciudad y de sus habitadores juveniles que en lugar de enzarzarse en refriegas de vecindad o de portería, que se decía cuando los sainetes de don Carlos Arniches, intentan ponerse de acuerdo en lo que de verdad León necesita con urgencia, dejándose de proyectos orientales, y unidos con una piña se entregaran a la solución de nuestros asuntos? Porque ya no funciona la justificación de cargar el muchuelo de nuestras desgracias a Valladolid. O nos ponemos de acuerdo, todas a una, como los de Laguna, o lo dejamos.