EL AULLIDO
Morgana, en el Barrio Húmedo
MORGANA fuma Ducados y un brillo de malicia le ilumina el rostro. Suele estar acodada en la barra de algún bareto del Barrio Húmedo luciendo una sonrisa de cerveza barata, pantalones de campana, blusa desceñida, colorista; aspecto claculadamente descuidado de hippie postmoderna que protesta contra el tedio. Hola, Morgana. ¿Qué pasa contigo, Luis? Los decibelios de la noche nos obligan a la proximidad intempestiva, nos hablamos al oído, nos intuimos, confrontamos nuestras estrategias y poses sociales porque las reglas de la madrugada lo exigen así. Entonces averiguo que ella fue experta hace tiempo en alquimia, mujer fatal inmune a los brebajes de amor y curtida en los rituales de la magia negra, pero últimamente estamos todos prevenidos contra la hechicería de las chicas guapas con aspecto de malas, sin conversación, sin alma, con look de expresidiarias que nunca han estado en la cárcel. ¿Janis Joplin murió hace demasiado? No lo sé. Morgana, ojos hipnóticos, alma exhibicionista por si el espectador tuviera ya un aplauso al borde de las manos, me desafía con la mirada mientras rueda la música. Las palabras. La música. La noche como un batallón que lucha contra la tristeza. Invenciones. Y yo le cuento historias -ella ríe- con final imprevisto, argumentos de vértigo, y le explico que la imaginación es el instrumento que tiene el ser humano para mejorarlo todo. El camarero nos vigila en un garito medio lleno del Barrio Húmedo en el que las luces se hermanan con las sombras... Luis, asistí a la presentación de tu novela. ¡Qué pasada! ¿Vas a dejar de escribir poesía? Poesía eres tú. Las conversaciones nocturnas tienen algo de todo y mucho de nada, pero hay que pasar a través de ellas para llegar hasta alguna Morgana. Ella. Entonces un parpadeo, un puente, un imán, el humo del tabaco y nos besamos. La vida se resume en un pub del Barrio Húmedo. Los personajes se confunden entre las personas. Abundan las historias. Y la cerveza. Luz. Esa mezcla de vanguardia e Historia que hay en el Barrio Húmedo, ese espacio urbano propicio para la oscuridad, promueve el amor y la delincuencia en la misma medida. Y alivia la desesperación laboral y vital de los jóvenes leoneses. Ata cabos. Hermana a los solitarios. Y encima despierta la imaginación. En León tenemos literatura porque contamos con el Barrio Húmedo, con sus muchachas malas y su música alta. La vida allí se vive de otra forma -sin reglas y sin brújula- y hasta parece un trámite tener luego que volver a lo de siempre. Morgana, eres preciosa. Y a mí que... Después de todo uno no sabe si está feliz o cabreado por haberse encontrado con Morgana, con esa paloma negra que se posa en los mostradores del Barrio Húmedo para castigarnos con su dominio, con su magia, con su poder demoledor y efímero. Todo el mundo ama a Morgana. Pocos se la encuentran. Nadie es su dueño. No. Morgana fuma Ducados y parece otra mujer recién salida de una canción de Neil Young. Su mirada te deja desprotegido como una casa de cartón durante un vendaval, aunque siempre es mejor que el horror de que nunca te mire. Y es que ir al Barrio Húmedo a intercambiar frivolidades, insinuaciones y secretos inventados, tiene eso: la remota posibilidad de toparse con ella. Les prevengo por tanto de que la próxima vez que vayan al Barrio Húmedo, a esa versión leonesa de la Isla de Avalon, han de tener los ojos abiertos porque a lo mejor se la encuentran. Si les pasa, si entre la niebla o la espuma de cerveza les mira, intenten hablar con ella. No tengan miedo a sus ojos de loba ni a sus hechicerías. Inventen. Invítenla a una copa... Y díganle que Luis la recuerda. Aún.