Publicado por
JULIA NAVARRO
León

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HAY DOS POLÍTICAS respecto a los nacionalismos, la de buscar el 'cuerpo a cuerpo' la confrontación pura y dura con los nacionalismos vasco, catalán y gallego, o la de intentar convivir pacíficamente con estos nacionalismos colaborando en al gobernabilidad de estos territorios y del resto de España. El PP ha elegido la primera opción. La política de los populares pasa por intenta acabar con los nacionalistas y su empeño es tan inútil como graves son las consecuencias. No se puede acabar con un sentimiento, con una emoción, que al fin y al cabo eso es el nacionalismo. Así que por más que el PP quiera derrotar y erradicar los nacionalismos, como si de una plaga se tratara, su empeño está condenado al fracaso. Pienso que en el PP son todo menos tontos, es decir que saben que no van a acabar con los nacionalismos, luego ¿a qué esa política de bronca permanente, de no aceptar la existencia de los nacionalistas? No me caben dudas de que además de que el PP quiere obtener réditos electorales de su antinacionalismo, pero que además su posición 'anti' responde también a una convicción, a un sentimiento profundo, en definitiva a un intento de contraponer nacionalismo por nacionalismo. El camino elegido por el PP es harto peligroso y en estos momentos España corre un riesgo evidente de desvertebración. Los nacionalismos periféricos crecen azuzados por el nacionalismo español y las opciones más centradas pierden fuelle. Pero si el PP ha optado por una vía equivocada, el PSOE no termina de encontrar la suya. Durante los años de la Transición, y desde luego los años de gobierno de Felipe González, los socialistas apostaron por la convivencia y el acuerdo con los nacionalistas pero sin complejos. Es decir el acierto del PSOE de González es que no tenía complejos y trataba a los nacionalistas de 'tú'. Fueron años en los que en el País Vasco PNV y PSOE gobernaron juntos, y desde luego los peneuvistas no se echaron al monte. Con Cataluña ocurrió otro tanto de lo mismo, la relación era abierta, sincera, fluida, pero cada uno en su sitio. Me parece a mí que Zapatero y el PSOE de hoy no terminan de encontrar su sitio en este problema. Y es que una cosa es una política de amistad, consenso y colaboración con los nacionalistas y otra muy distinta ir perdiendo señas de identidad creyendo que así conquistan a los votantes nacionalistas. Eso es lo que ha pasado en Cataluña, eso es por lo que apuesta un sector del socialismo gallego que es más galleguista que socialista. Y eso es, en mi opinión un error. A los socialistas se les vota por socialistas, y cuando se meten en un terreno que no es el suyo asumiendo una identidad que no les corresponde, se convierten en una mala fotocopia del original. Eso es lo que le pasa al PSC que se ha convertido en una mala fotocopia del catalanismo y por eso los votantes tradicionales socialistas les dejan de votar. Así que si calificamos de irresponsabilidad la política del PP de confrontación permanente con los nacionalistas, hay que calificar de decepcionante la del PSOE. Zapatero no puede contentar a todos, no puede estirar al PSOE hacia el nacionalismo pensando en obtener votos, que luego no obtiene, y hacer un discurso más centrado en el resto de España, como si los ciudadanos fueran tontos y no vieran lo que está haciendo. Una cosa es la política de mano tendida al nacionalismo, que es necesaria, y otra perder las señas de identidad socialistas, que es el error que el PSOE puede estar cometiendo. Si Maragall pacta con Esquerra lo debe de hacer no en base a un programa nacionalista, sino de izquierdas que es lo que aparentemente ambos grupos tienen en común. El problema es que hay socialistas catalanes que son más catalanistas que socialistas y están descolocados y descolocan al resto de sus compañeros del resto de España. Maragall no ha perdido pero tampoco ha ganado las elecciones, debería preguntarse por qué.

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