Diario de León
Publicado por
LUIS DEL VAL
León

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MARÍA Julia Alsogaray se sienta estos días en el banquillo de los acusados por corrupta durante el gobierno de Carlos Menem. Naturalmente, se trata de una vulgaridad, porque el hecho de ser funcionaria corrupta en un gobierno peronista es como ser acusada de libertina trabajando en un burdel. Lo raro sería lo contrario, pero María Julia ha tenido la mala suerte de que la han pillado. No es que ella sea la más corrupta, sino que ha sido de las más descuidadas en esconder su latrocinio, y el fiscal parece ser que no está dispuesto a soltar la pieza, cuando se ha visto que son tan difíciles de capturar. Lo que me sorprende de esta María Julia no es que pasara de pronto de ser una antiperonista furibunda a una peronista convencida, que los vaivenes de la política son tan contradictorios como los del amor, y, por supuesto, tampoco que, una vez llegada la conversión, se dedicara a coger el dinero del contribuyente como buena peronista, sino que entre las cosas que adquirió con el sudor de su deshonestidad se encuentre un panteón en el cementerio de la Recoleta, en la ciudad de Buenos Aires. Automóviles lujosos, pisos, inmuebles, incluso un lujoso apartamento en Nueva York, justo frente a Central Park, todo eso está en la lista de adquisiciones normales de los corruptos, pero me ha llamado la atención lo del panteón, este toque ultraterreno en alguien enriquecida de mantera tan terrenal. Está claro que no existe criminal que no quiera convencerse con razones justificativas, pero María Julia, además de tener excusas teoréticas sobre el apoderamiento del dinero de los contribuyentes, está convencida de poder ganarse el cielo, o, al menos, mantiene ciertas preocupaciones metafísicas. La aspiración de María Julia no es precisamente el poder y la gloria, sino el poder como medio que permita acaparar el dinero suficiente para aguardar con ciertas comodidades la gloria eterna. A mí ese panteón me ha llenado de estupefacta ternura. Es como enterarme de que un sicario de Bin Laden es socio de la Cruz Roja. La señal inequívoca de que el más cínico de los corruptos aspira a ser incorruptible

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