CORNADA DE LOBO
Fuga de miel
VOLVIÓ LA TROPA del frente. Los últimos de Diwaniya ya son sólo una peli. Se licenció el batallón. Nuestra mirada también. Ya no hay tanto Irak en la retina o en la tele; un cochebomba, una algarada, la rutina de un entierro voceado y poco más. Nos hemos fatigado de tanta guerra y de posar los ojos en sembrados de carne quemada, en el espanto y en la lágrima tendida de una anciana palestina buscando entre escombros sus medicamentos, así que nos vino bien bañar los ojos en la ola aristocrática que llegó a esta playa de desembarcos, ola distinguida en la boda «principal», no real. Volvieron los soldados (soldadesca es el enemigo). Y ya lo dice el saber popular, «ejército licenciado, albricias entre las putas». Hacemos lo mismo con nuestra mirada licenciada del miedo irakí y hoy la bañamos en piscinas de cuché y revisteo, se agotan las ediciones, los kioskos trabajan con pala. Fue boda convertida en pasarela, política ausente; ni siquiera hubo el cotorreo de cualquier boda sobre las reveladoras ausencias, las comprometidas comparecencias o las innecesarias presencias. Caramelizaron todo. De caramelo es la bella historia de hadas, la fuga de miel por paradores nacionales para halago de turbamultas... caramelo en la veracidad de los amores, en la bendición del Papa y en la vuelta al mundo en ochenta revolcones. Atenta la compañía: tendremos fotos de todo. Tranquila la parroquia: ya tenemos nuestra propia lady Dileticia, diletante del ateísmo al altar, lady Lety para beneficencias de la corona, promoción de modistos y adorno del príncipe con algún gesto cultural o medioambiental. Esas fotos pide el vulgo. Ya no más instantáneas de guerra, no más torturas vergonzantes. Estamos hartos. Que no nos amarguen este plato florido de mayo requetefotografiado en rosa, en cuché y chocolate. Donald Rumsfeld, el tipo ese, nos echa una mano prohibiendo a sus soldados los móviles con cámara. No quiere delación ni pruebas. Los ejércitos tienen que ser ciegos, ciega su disciplina ante el dictado. ¡Y una mierda!, dijo el marine Edwin Ramírez, hijo de espaldamojada, escondiendo su nokia con servofreno y catalejo endoscópico. Esas fotos son su único botín de guerra. Pasta gansa pagan las teles por ellas. Rumsfeld acabará pensando que el enemigo está dentro. Disparad contra nosotros, dirá en su suicidio.