Diario de León
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LUIS ARTIGUE
León

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VIENE AHORA zigzagueando Toñín hasta esta página porque me han dicho que una enfermedad grave le trae a la deriva. Buen momento -creo yo- para devolverle a este poeta todo lo que altruistamente nos ha dado porque la lírica, sí, es generosidad humana o humanista y escribirla, y publicarla, siempre tiene mucho que ver con el verbo dar. Hay un momento crucial en la vida de todo ser humano -este momento- en el que se hace más pertinente que nunca que su entorno y sus lectores estemos espiritualmente a su lado, como se vuelve imprescindible que él camine lento con una vela en la mano con dirección a sí mismo. Todo lo que no nos mata nos hace más fuertes, decía Nietzche. Que nos quiten lo bailado y lo bailable. Nada importante puede tener fin; que va. Por eso hace años que lo tengo escrito, pero quiero repetir oportuna y oportunistamente ahora, que González-Guerrero pertenece a esa imprescindible estirpe de plumas privilegiadas que el Bierzo aporta o exporta a este país de vez en cuando. Es poeta como los astrólogos antiguos y como los abuelos modernos; como esas personas de cualquier linaje que al mirar entran y al viajar se quedan. Él pasa, avanza. Bebe cerveza Guiness porque en su tierra celta se acostumbró a brindar con malta de pastores y ahora, como los borrachos valiosos dublineses de los cuentos de Joyce, bebe para recordar. Se fue una vez pero está lejos y cerca, sí, y así lo pregonan sus libros donde impera el arraigado ruralismo mágico como los titulados «Poemas del Corazón Ausente» (ya es hora de que éste lo reediten en la Colección Provincia), «Bajo la Agria luz de los Cerezos « y « País de la Nieve». Escribe. Entrega. Es un poeta-emisario que, como Artaud o Leopoldo María Panero, al poetizar ni siquiera se perdona a sí mismo, y así queda dicho o escupido mediante el realismo sucio de su última publicación lírica «Catulo en Malasaña». ¿Maldice la poesía el maldito o se maldice ? ¡Que más da! Ahora se enfrenta este buda hedonista a la indignidad del cuerpo sin más armas que el aliento, las agallas y el espíritu racial y cavernario que, seguro, hay en él orgullosamente heredado de sus antepasados. Sí, la enfermedad grave es ese momento en el que un hombre conoce de verdad la épica, la batalla encarnizada, el coraje, la estrategia... Toda victoria es cuestión de recursos, de valor y de motivación, pues mediante ese triángulo se logra atraer la suerte. A luchar. No sale del agua quien se queja sino quien nada con fuerza. A pelear. Ahora que los medios de comunicación y los agentes económicos promueven que todo quede en un nivel superficial; ahora que la globalización ha declarado que el individuo ha entrado en decadencia y lo que cuenta y computa es la masa, necesitamos a los poetas para que nos recuerden que somos únicos e irrepetibles; que somos uno y de uno en uno; frágiles; sólo infinitas soledades agrupadas como constelaciones planetarias que existen y persisten cada una por razón de la fuerza gravitatoria de otra. Y otra. Y otra... Sí, necesitamos a los poetas para que nos devuelvan a su modo la inocencia y la clarividencia que se nos va desgastando en el duro bregar. Por eso, porque los poetas son inútiles pero imprescindibles; porque no todo tiene por qué ser rentable o vulgar en esta dictadura de las audiencias y de lo caro, debemos a nuestros poetas algo, mucho, poco, y acaso podamos pagarles todo con una corona de laurel. El terreno del agradecimiento es contiguo al terreno del reconocimiento. Por eso, aquí y ahora, en el nombre sé que de muchos de ustedes, quiero decírtelo desde lo hondo con solidaridad y afecto; amigo poeta : GRACIAS GRACIAS. 1397124194

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