CRÉMER CONTRA CRÉMER
El pacto de la oca
CUANDO EN mi barrio, que es el suyo, jugábamos a algo importante, además de declararnos la guerra, cubríamos nuestro cupo lúdico jugando a la Oca, que, tenía una regla muy estricta: «La Oca, cada uno tira cuando le toca». Y este ejercicio se fijó en nuestra idiosincrasia, que debe ser algo así como el talante, pero en más refinado, de tal manera que al cabo de los muchos años transcurridos y de las vueltas que da el mundo, los leoneses seguimos reclamando el derecho de entrar en el juego cuando nos toca, cuando se nos conceden los correspondientes permisos. Y esta norma o costumbre o ley natural tiene tal vigencia que nada es suficiente para anularla definitivamente. Seguimos manteniendo la costumbre o ley de aceptar nuestro turno cuando nos toque. Y esto se manifiesta más sensiblemente en política. Aquí sí que nadie cede de sus derechos, caiga quien caiga y cada perro se lamerá sus heridas cuando le toque. El ejemplo de este respeto a las costumbres establecidas nos lo ofrece el Partido Unión del Pueblo Leonés (U.P.L. para los amigos) el cual en una de sus últimas apariciones, en forma de Secretario General, ha declarado, urbi et orbi, que el Pacto establecido con el PSOE para mantener la gobernabilidad municipal y espesa durará tanto como sea necesario y los Presupuestos del Estado lo justifiquen. El partido pro gala en no se sabe ya cuantas porciones, expresa sus viejos recelos, aludiendo a que «no ve ninguna garantía de que el Gobierno, o sea el partido del socialismo tranquilo, vaya a cumplir sus compromisos electorales», declaración que ha levantado una verdadera tempestad de réplicas y señales de alarma. ¿Qué es lo que en realidad se oculta en esta declaración oficial de los leonesistas de don Joaquín Otero? Que el Pacto de gobernabilidad establecido para arrojar de estrados y escaños a don Mario Amilivia y sus muchachos, puede estar mostrando signos de cansancio o de ineficacia, y que por tanto no sería descabellado la promoción de un nuevo estado de guerra electoral? Al electorado puede parecerle esta actitud, entre dubitativa y recelosa, de lo que damos en llamar la parte gobernante de la parte pactada, un motivo más de confusión. Porque -es una pregunta- ¿lo que se persigue de verdad es promover una nueva vía de reforma de la composición municipal mediante la convocatoria de unas nuevas elecciones, o, ya en el terreno de la práctica, se intenta provocar una cierta forma de censura ante la cual el pacto tan complicadamente utilizado, se quebraría por do más pecado hay y se lanzarían los «cambios» que se están persiguiendo? Naturalmente que no somos nosotros, humildes comunicadores provinciales quienes disponen de poder para esclarecer posiciones, pero en honor a la verdad y a lo que se puede comprobar, «Esto huele a carne de indio», y bien harían los unos y los otros en poner cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa, antes de que por los efectos naturales de la mezcla se produzca la explosión que nadie quisiera, porque dígase lo que se quiera, siempre que un partido se fracciona o se mutila, algo nuestro se pierde. León no está, pese a los buenos augurios que emanan de los laboratorios municipales, para juegos de barrio, como aquellos famosos que manteníamos lo del Barrio del Mercado con los del Barrio de San Martín, que terminaban a golpe de copla: Los de San Martín/ tienen un huerto para que los del Mercado/ se meen en dentro...