CRÉMER CONTRA CRÉMER
Otra vez Antibióticos
DESDE HACE ya bastantes años venimos los unos y los otros discutiendo agriamente sobre la circunstancia de antibióticos itálico y sus manipulaciones para atraer la atención generosa de la Junta y percibir los sustanciosos premios por su buena aplicación y misterioso ejercicio comercial, que le lleva al Consejo de dirección a seguir viviendo de copiosas subvenciones para el mantenimiento de nada. Porque, al cabo del tiempo y teniendo en cuenta las experiencias derivadas del comportamiento de los empresarios, el sufrido comité de empresa ha llegado a la conclusión de que frente a la laboriosa manipulación de Sir Fidia (que por cierto ni sé cual es la traducción correcta de la denominación ni tampoco quienes en concreto saben qué coño es lo que sucede para que la Junta, el Municipio, la Diputación y hasta la Fundación ONG para la investigación de la gripe cubana, estén siempre dispuestos a proponer una nueva entrega para las necesidades de la Fábrica, cuando lo más correcto, lo más plausible, lo más beneficioso para las arcas vacías de nuestros responsables sería cerrar todos los grifos y que cada perro se cuidara sus pulgas. En vista de lo cual, como decía al principio de este exordio, el Comité de Empresa se dispone a convocar la huelga, la huelga de Antibióticos, la huelga que debió haberse convocado hace años. Y así que la noticia de este movimiento reivindicativo y obligado se extendió por el territorio, la mayor parte de las esposas, novias y compañeras sentimentales de los afectados, se hicieron esta tremenda pregunta: «¿La huelga que se anuncia servirá para algo? ¿Moverá el corazón de los de la Sir Fidia? ¿Resarcirán de alguna manera los representantes de la conflictiva empresa los dineros millonarios que han recibido para el mantenimiento de la firma y de la rúbrica?». No es, ni mucho menos por ahondar la herida, ni por supuesto por poner de manifiesto una vez más, la enormísima capacidad para equivocarse que tienen, que han tenido. Los señores encargados del manejo de los dineros y del territorio de león. Desgraciadamente los pacíficos habitadores de la tierra pujante de la Monja Egeria, siguen manteniendo el talante que al parecer se exige para ser un buen recaudador, para el correcto manejo de la cosa pública. No tan solo no dan, no han dado una en el clavo, sino que por el contrario esta demostrado que cuando aciertan, por casualidad, en dar una en el clavo, dan catorce en la herradura. Y así ni hay poblado que se mantenga ni industria que resista. Los señores de Antibióticos nos engañan como a niños por la Pascua navideña. Los de la Escuela de Pilotos, a lo que se confirma, nos las metieron dobladas. Aquello de bio no sé qué nos la dieron con queso. Lo del Aeropuerto sigue siendo un bulo aunque azucarado. Y es lo que diría mi maestro: «¿Hasta cuando Catalina vas a abusar de nuestra paciencia?». Yo quiero ser bueno. Los leoneses somos buenos. Lo último que se pierde es la esperanza, aunque, señores de la sala, el que espera desespera. ¿No tienen ustedes miedo a que los leoneses lleguen a alcanzar el estado de desesperación suficiente para no creer ya ni en la esperanza? Y con música de laud se duele el poeta: ¿Qué hicimos del tiempo que nos dieron los dioses entre pólvora de encrucijada?