Diario de León

Zapatero no es el mismo

El inquilino de la Moncloa revolucionó su look. Ahora se peina para delante, suavizó sus angulosas cejas, ocultó las entradas y se hace los trajes (modernos) a medida. No como antes

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Alberto Mahía - redacción
León

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Zapatero ha cambiado. Se le ve distinto. Parece otro desde el pasado 21 de octubre, cuando ascendió a la tribuna de la ONU como no se le había visto hasta entonces: suavizó el tan característico ángulo de sus cejas y abandonó la raya en su peinado, más cortito y echado ahora hacia delante. Dicen los que entienden de estilo y moda que a Zapatero lo liberaron de corsés, fajas y demás emblemas de la restricción indumentaria del político para «dar una imagen más cercana, moderna y menos agresiva», según subraya el estilista gallego David Cabaleiro. Hay que decirlo. Al principio de conocerlo, allá por el 2000, Rodríguez Zapatero era un candidato a la secretaría general de su partido sin sastre y eso se notaba a chorros. Cantaban las holguras y tumbaba el acabado de sus trajes. Su pelo era el que era; leonino, poco peinado, sin raya y alborotado sobre la frente, anunciando prominentes entradas que le acentuaban aún más sus singulares cejas. Ya como líder de la oposición, aceptaba la uniformidad cuaresmal de su vestuario, donde predominaban las tonalidades claras que tan mal dan ante la cámara, lo que le empujó a colores más grisáceos y hechuras clasicorras. Su ropero ha ido evolucionando y ahora viste mucho en azul oscuro. Apuesta por las camisas claras aunque a veces se atreve con las negras. Llongueras le dibujó raya a su peinado y dejó en paz sus cejas pese a insistirle en varias ocasiones en que había que suavizarlas. Este estilista, que presumió cuanto pudo de ser el creador del nuevo Zapatero y ahora anda celoso porque el presidente se deja influir por -según dicen- Ángela Navarro, está que trina porque no le gusta como le queda el nuevo peinado, al considerar que «no es el más idóneo para un hombre de Estado». Sea como sea, los asesores del presidente están convencidos de que el viejo corte le hacía la cabeza demasiado grande. Sonsoles Detrás del cambio dicen que está su esposa Sonsoles Espinosa, que tanto se deja aconsejar por Elena Benarroch. «Mejoró levemente, pero todavía puede hacerlo más. Lo que debe hacer es vestir siempre con modistas españoles, que no intente disfrazarse y que se encuentre cómodo. A Zapatero le falta belleza, pero su evolución es buena», destaca David Cabaleiro. Y en cuanto al nuevo peinado, ¿qué dicen los que saben? La peluquera Mara Costas lo aprueba con nota: «Ahora está mucho más dulce, sin esa agresividad que le daban las cejas. Es un corte tranquilo, lejos de lo casposo, moderno, como cualquiera de su edad. Es listo, culto e innovador». Para Ángela Navarro, «el cambio refuerza su confianza». Jorge Rábago, director de telegenia del PP habla de tres normas. «La primera», dice, «es la discreción por encima de todo y seguir el protocolo. La segunda es la sencillez, sin estridencias; y la tercera es mantener siempre la personalidad del político». Zapatero las cumple. ¿O no?

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