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León en una trapillada
El escritor Pedro García Trapiello presentó ayer en El Corte Inglés su último libro: «Una ciudad de sotas, caballos y reyes»; un paseo canalla por el casco viejo de la ciudad
Es un libro con dos caras y dos cruces, dos libros en uno, una mirada cachonda y canalla y otra nostálgica y sosegada. Pedro García Trapiello presentó ayer en El Corte Inglés su última obra: Una ciudad de sotas, caballos y reyes , que supone el regreso del escritor a la esfera de la novedad editorial. «Es un libro muy válido para regalar a las cuñadas, porque así no tienes que acompañarlas en su visita al viejo León», comenta Trapiello con humor. Alrededor de la obra, gira el espíritu burlesco de este «bufón» de la corte leonesa. El escritor vincula un paseo nocturno -que realizó cuatro años atrás junto a visitantes anónimos que querían hacer el rondó a los principales resabios históricos que visten el casco viejo- a la intrahistoria de un pueblo. De esta manera, cuenta anécdotas de personajes que construyen la argamasa de León: Don Tancredo o Ataúlfo (el primer pancartero) y que se convierten en protagonistas absolutos de la cara del libro. «Las ciudades no se recuerdan por fechas, sino por anécdotas y patrañas», ironiza para subrayar en realidad, la importancia que los «figurantes» han tenido siempre en la conformación de la villa. Pero, además, Pedro Trapiello no ha querido dejar de lado el poso romántico con que envuelve sus palabras. Lluvia y soportales es precisamente eso: la mueca más profunda de un lugar que parece desaparecer tras la bruma de la invención. Lluvia y soportales no proviene de la prosa lírica de Trapiello, sino que se trata del título que José Ortega y Gasset dio a un artículo que, se cree, pensó y meditó acerca de una ciudad «castellana», puede que León. A través de esta historia de ficción, el fabulador crea la patraña que le sirve como excusa para hacer una regresión al León pueblerino de los años treinta. Personajes reales aunque inexistentes rodean al filósofo en este viaje a una ciudad que habría de servirle para conseguir su acta de diputado. Un cacique trata de dar muerte a quien explicó el desmembramiento de España, llamó a todos a seguir su voluntad, explicó como nadie el espíritu del Hidalgo y alertó del fin de la excelencia intelectual. En fin, el choque entre modernidad y casticismo en una historia que Trapiello pensó para que fuera publicada para acompañar el desarrollo de una ciudad que, de momento, no ha podido ser. Este Ataúlfo contemporáneo me cuenta que en el sobredesayuno de ayer conjuraron cual meigas el maleficio que algunos han hecho al cava por la última tontada de Carod. Después de aquello, tuvo que ir de televisión en televisión. El precio de la fama.